Opinión

La cava gaseada: crimen de lesa humanidad

De tanto buscar méritos para ascender, o cosas por robar, los cuerpos de represión no captan la repercusión internacional de sus actos, al extremo de que el tal “mérito” a quién más daña, es al presidente.  

Encerrar a estudiantes apresados en un camión cava sin entrada de aire y con gas lacrimógeno, las manos amarradas en la espalda con tirro, terminó siendo una imagen sin posibilidad de otra apreciación que la de una dictadura torturando a estudiantes. Sobran los testigos, abundan fotos y videos, la noticia fue confirmada por Alfredo Romero, director del Foro Penal, y los medios se volcaron a repetirla.

El funcionario que inventó esa modalidad de transporte de los presos, flaco favor le hizo al actual gobierno, porque inmediatamente salieron por todas partes comparaciones con los hornos de gas nazis. En las redes sociales, en los medios escritos, las palabras Auschwitz y nazis fueron una fija. Lo que a Maduro le faltaba para dañar su imagen ante el mundo, 31 estudiantes en un camión cava gaseado, se lo han brindado.

Observo las numerosas fotos tomadas en aquel momento que circulan ahora en medios y redes sociales. Los estudiantes fueron desvalijados de sus pertenencias, teléfonos celulares, etc. ¿Les robaron sus pertenencias? ¿Habrá “rescates” individuales exigidos en dólares?, no me consta. Más bien algunos apresados posteriormente se comunicaron con sus padres por celular. Lo que me llama la atención son otros detalles. Según informó el gobernador de Miranda, Henrique Capriles, el grupo de estudiantes, en su mayoría de la Universidad Simón Bolívar, caminaban tranquilos llevando un escrito al CNE, cuando fueron entrampados por 90 efectivos de la Policía Nacional Bolivariana. Se refugiaron en un banco e hicieron el error de dejarse convencer que podían salir en seguridad.

Miro las fotos que son muchas, muchísimas. Los estudiantes, con las manos amarradas en la espalda, evidencian en sus rostros el desafío. Son muy jóvenes, pertenecen a una generación que nunca conoció en su vida consciente otro sistema que el chavista y ahora está masivamente dispuesta a combatirlo a cambio de cualquier sacrificio, incluso el de la vida. No se les nota miedo ni ira, pero mucha resolución que en tales circunstancias, no es poca cosa.

Las imágenes desalentadoras son las de la gente que quedó resguardada en el banco y, apilados en los ventanales, miran cómo son amarrados los muchachos. Una salida masiva de esa gente hubiese dado otro aspecto a todo el panorama, pero permanecieron de espectadores. ¿Por qué no intervinieron? Es que son ellos, los que miraban, los verdaderos actores de ese drama. Son ellos a quienes les toca reclamar por la ausencia de comida, medicinas, seguridad, servicios. Son ellos los que más padecen de una inflación que crece diariamente. Pero por algo, que no era miedo sino inercia colectiva… no se consideraron involucrados.

Cualquiera que fuera ahora la velocidad con la que espero alguna cabeza pensante pondrá ipso facto a esos 31 estudiantes de ambos sexos en libertad para disminuir el enorme daño hecho a Maduro nacional e internacionalmente, la leyenda negra de este gobierno ya es un hecho. Incluso le dieron con ese evento su marco físico que algún día servirá para “el museo del horror”, como lo será el Helicoide, sede del Sebin. Porque para completar el error, la famosa cava fue llevada al Sebin, pese a que debía ir a una sede de la Policía Nacional. Con razón el Sebin se lavó las manos y envió ese cargamento humano al día siguiente a una sede policial. Ya poco importaba: el malo de ese cuento ya era el Sebin.

En un futuro, al Helicoide que es un promontorio, ni siquiera podrán tumbarlo como lo hicieron con la Rotunda de Gómez o la Seguridad Nacional de Pérez Jiménez. Quedará como la colina del mal con el camión cava de símbolo, de la misma manera como los grillos definen la época de Gómez, o la tortura del ring la de Pérez Jiménez. Nótese que nadie dice que fueron grillos ordenados por algún ministro de Gómez, sino que el culpable ante la historia es Juan Vicente Gómez. Igual con la Seguridad Nacional: la tortura no es de Pedro Estrada, sino de Pérez Jiménez. De la cava con gas lacrimógeno, Nicolás Maduro quizás no tenía ni el conocimiento, pero quedará en la memoria como “la cava donde al estilo nazi, Maduro torturó a los estudiantes”.

En tres meses, son 80 los asesinados, en su mayoría estudiantes, durante las protestas de carácter nacional. En un futuro, los nombres de los caídos en esa lucha desigual serán inmortalizados en placas y murales, o en un monumento erigido para dejar constancia eterna de los meses de lucha, cuyos héroes fueron gente muy joven.

En cuanto a los del otro bando, la Fiscalía ya dio el paso decisivo colocando como indiciados a los primeros dos altos oficiales acusados de crímenes de lesa humanidad. ¿No se presentarán? ¿No acudirán? ¿Desafiarán el poder de la Fiscalía de la República, cuya titular actúa apoyada por las fiscalías de casi toda América, decenas de gobiernos en América y Europa, y una larga lista de organismos internacionales, algunos con poder de enjuiciar y lanzar órdenes de aprensión internacionales? Los organismos como la OEA o el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas pueden tener trabas a la hora de las votaciones internas, pero sirven para incentivar a los gobiernos democráticos a actuar. ¿Cuánto tiempo los indiciados por Luisa Ortega Díaz podrán evitar lo que se les viene encima? Por supuesto que intentarán evadir la citación, pero los dados ya rodaron, y miles de ojos en dos continentes los están viendo.

¿Qué han pensado los que se creen intocables? ¿Acaso el helicóptero que sobrevoló el Tribunal Supremo, el Ministerio del Interior y Miraflores, lanzando la advertencia que cualquier militar debe haber interpretado, no es señal suficiente de que no hay defensas?

¿Habrá quien les lance un salvavidas a los indiciados y otros de ese grupo, con la promesa de un exilio dorado, no fuese que para evitar que en Venezuela se sacrifiquen más vidas? Es lo único que les quedará si siguen cometiendo imbecilidades como la de la cava con gas lacrimógeno. Un famoso policía y ministro francés, Joseph Fouché, es autor de una frase famosa a la hora de comentar un asesinato político: “es peor que un crimen, es un error”. La cava con gas, fue un craso error.

 

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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