Opinión

EL ASALTO A LA ASAMBLEA NACIONAL

El régimen en su etapa terminal considera subversiva y desestabilizadora la existencia de cualquier órgano del poder público integrado por gente dispuesta a cumplir con sus deberes constitucionales. Por eso persiguen y se proponen exterminar el Ministerio Público y muy especialmente la Asamblea Nacional. La animadversión contra el Parlamento comenzó cuando en las elecciones del 6 de diciembre de 2015 el pueblo votó masivamente por la oposición, hastiado de un gobierno fallido y forajido, corrompido e ineficiente hasta los tuétanos, que lleva 18 años destruyendo nuestro pobre país. En esa fecha, la banda de antisociales del régimen resolvió echar mano de cualquier trapacería para neutralizar la voluntad popular, valiéndose de ese par de entes indignos y deleznables integrados por cerdos de la misma porqueriza guarnecidos en el prostíbulo judicial y en el harto mando castrense. Aún antes de tomar posesión la nueva AN, comenzaron las decisiones del tsj en sala electoral, apuntaladas por la amenaza de las armas que sólo disparan contra el pueblo venezolano, y una seguidilla de sentencias para configurar un inexistente desacato por parte del Parlamento.

Pero los hechos no se limitaron a las rabulerías de la burocracia cívico-militar del chavomadurismo, sino que se complementaron con las vías de hecho como los asaltos al recinto parlamentario (se han producido varios), las agresiones físicas constantes contra diputados, comunicadores sociales y transeúntes, los intentos de asfixia económica al extremo de negar la partida de alimentos para los niños de la guardería y el pre-escolar donde asisten los hijos de empleados y obreros del Parlamento, el corte periódico de los servicios de agua y electricidad y pare de contar. No obstante los acosos y los asedios, la AN sigue siendo la única referencia institucional que cumple con sus deberes constitucionales y que el régimen no ha podido subyugar.

El 5 de julio, cuando celebrábamos los actos conmemorativos de la Declaración de Independencia, se consumó el peor de los asaltos: las pandillas pagadas con dinero de la alcaldía de Caracas e instigadas por el alto gobierno, irrumpieron dentro de la AN hiriendo gravemente a los diputados Américo de Grazia, Armando Armas, Leonardo Regnault y Luis Padilla y causando lesiones menores a otros 7 diputados, a varios periodistas y trabajadores de la AN. Los videos y fotografías que rodaron a través de los medios y redes sociales, comprueban los delitos cuya autoría una parte del gobierno niega y la otra reivindica como gloriosa acción revolucionaria. En medio de la condena de la opinión pública mundial y de numerosos gobiernos, Maduro, dice que su régimen ‟pacíficoˮ rechaza esos hechos y que le parecen ‟extrañosˮ; el bichejo que vegeta en la defensoría del pueblo, ahora dispuesto a usurpar inconstitucionalmente funciones del Ministerio Público, pide investigación y castigo para los responsables; diosdado, el Tartufo del régimen, reivindica la agresión que venía anunciando desde hace dos semanas y amenaza con nuevos delitos; un matón apodado ‟cabeza e’mangoˮ, comunicador alternativo postizo en un canal del gobierno, proclama impunemente que es responsable de las agresiones; y el harto mando cómplice calla como siempre porque entre las víctimas no hay militares y ordena al destacamento de la gn en el Palacio Federal cumplir la orden de franquear a las pandillas y protegerlas para que violen el recinto y delincan a placer.

 

Tags
Mostrar más

Henry Ramos Allup

Político y abogado. Secretario General del partido venezolano Acción Democrática. Diputado a la Asamblea Nacional de Venezuela, de la cual fue presidente en el periodo 2016-2017. Vicepresidente de la Internacional Socialista.

Artículos relacionados

Close
Close