La centrífuga madurista desbarata la mayoría social que Hugo Chávez construyó

El gobierno de Maduro y la honda crisis que ha desarrollado, es una fuerza centrífuga en la cohesión del chavismo e impacta el manejo de ese sector social por la cúpula enchufada.

El cambio al que todos aspiramos puede resumirse en convivir. Que todos, reconociendo y respetando nuestras diferencias, podamos vivir y progresar en paz. Sin divisiones, sin exclusiones, sin discriminaciones.

Si la convivencia es el cambio deseado ¿cuál es la crisis política que atraviesa Venezuela? ¿Cuál es la naturaleza del conflicto que asalta nuestras vidas en la calle y en las casas, en el trabajo y el estudio, en la ocupación y en la recreación? Se trata del enfrentamiento entre la Venezuela que somos, diversa, plural, creativa, con ganas de hacer, y la que nos quieren imponer que es uniforme, chata, mediocre, atrasada. Así, el choque no es entre chavismo y oposición, verlo así sería equivocado por miope. Es el país, que incluye a buena parte del chavismo y ojalá incluyera a más, por un lado, y al frente a un pequeño grupo que le ha expropiado el poder, el pueblo y lo ha privatizado con todo y Estado, recursos, riquezas, medios, para su exclusivo beneficio.

La centrífuga madurista desbarata la mayoría social que Hugo Chávez construyó, con el poder concentrado y la ayuda de la renta. No solo la ha convertido en minoría, lo cual puede ser transitorio, pues mayoría y minoría lo son naturalmente, sino que amenaza su propia existencia. Y, primero que todo, crea una situación en la cual el manejo de esa poderosa corriente social por parte del enchufadismo es cada vez más difícil.

Del chavismo original migran por causa de la Constitución amenazada constituyentes del noventa y nueve, la fiscal general Ortega Díaz, diputados y la exdefensora del Pueblo Ramírez. Por la izquierda chavista discrepan ministros, parlamentarios, dirigentes y líderes de opinión agrupados en Marea Socialista. Entre los militares, disciplina y obediencia disimulan fisuras; pero ya son abiertos y conocidos los pronunciamientos de los generales Rodríguez Torres, Cliver Alcalá Cordones y Ramírez López, y dudo que sean los únicos.

La base chavista, cuyas motivaciones son sociales y económicas, se mueve. Las encuestas lo dicen. La realidad lo impone. Padece la cola y la escasez y la inflación. Resiente la corrupción. Antes le dolía el engaño, ahora la irrita.

Los catalizadores de esta dispersión que el madurismo causa, son la situación económica que se agrava cada minuto, la Constituyente fraudulenta que es como el colmo, por exagerado e inútil, de los abusos contra la Constitución y un dato tan obvio que a veces se olvida, incluso por los propios interesados, y es que Maduro no es Chávez y si bien ocupa su puesto oficial, no puede llenar su papel político, y el sistema no sabe funcionar sin ese dinamo de legitimidad y decisiones.

El cambio es la convivencia. Ya lo decía Savater: “Democracia es convivir con gente y actitudes que no nos gustan”.

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