No podemos bajar la presión de calle

No podemos bajar la presión de calle. Debemos seguir pidiendo apertura del canal humanitario, libertad de presos políticos, cronograma electoral y desmontaje de la Constituyente.

Juan Manuel Santos ha sido dubitativo frente a la terrible crisis de Venezuela. Mientras la OEA, la Unión Europea y casi todos los países que conforman estos dos organismos multilaterales se han pronunciado contra la política del gobierno de Maduro, Colombia cuando se ha opuesto a algo lo ha hecho con timidez. Esa actitud de Santos formaba parte de una política de entendimiento con la administración de Obama, que se inscribía en el proceso negociador de paz con las FARC, donde Cuba ha sido garante.

Santos se juega su vida política en esa apuesta. Mantenía esa actitud frente a Venezuela para no molestar a sus fiadores de La Habana ni a los gringos. Pero ahora Trump le dio un giro de 180 grados a la política de Obama. Ahora los cubanos y colombianos saben que Venezuela debe entrar en la ecuación para conseguir un resultado satisfactorio para las tres naciones.

Vengo sosteniendo la tesis del necesario acercamiento con los cubanos desde que lo hicieron los gringos, porque estoy convencido de que esa entente USA-Cuba no era solo para tratar temas sobre azúcar o tabaco, sino para resolver los problemas de otros dos países, económicamente más importantes, donde La Habana tiene influencia determinante: Colombia y Venezuela.

En junio del 2015, después de que Obama se reunió con Raúl Castro en Panamá, escribí “¿Y… por qué no hablamos con Raúl?”. Allí Obama dijo a Raúl: “Esto es un encuentro histórico (…) Ahora estamos en condiciones de avanzar en el camino hacia el futuro”. Rául ripostó: “Todo se puede discutir, pero EEUU y Cuba pueden diferir de vez en cuando. Es posible que hoy discrepemos en algo en lo que mañana podamos estar de acuerdo”.

Ante ese diálogo yo preguntaba: “Entonces, Obama: ¿por qué no seguimos haciendo historia y nos metes en el paquete? Esa pregunta quedaba en el aire porque la política norteamericana no incluía a Venezuela para no darle beligerancia a un gobierno sin credenciales democráticas.

Las cosas cambiaron. Hubo un giro en la política del Departamento de Estado norteamericano y cuando Trump, sin romper el diálogo con los cubanos, condiciona la continuidad del mismo al tema de los derechos humanos no solo se refiere a Cuba, sino al mejoramiento de las condiciones en la negociación de paz en Colombia y la solución de la crisis venezolana.

Los demócratas venezolanos no podemos bajar el ritmo de nuestras presiones de calle. Debemos seguir la política de pedimento de apertura del canal humanitario, libertad de los presos políticos, cronograma electoral y desmontaje de la convocatoria de una Constituyente que amenaza la República.

Esperemos que Maduro entienda que el sitio escogido por Santos para exigir el desmontaje de la Constituyente, La Habana, es el mensaje subliminal de Raúl apoyando una salida negociada como exige la geopolítica continental.

Presidente Maduro, ¿cuándo usted llama traidor a Santos está pagándole con la misma moneda a Raúl? El atrevimiento es grande para sostenerlo, a menos que no haya entendido el mensaje. De ser así pregúntele a Rogelio Polanco, embajador de Cuba, por estos pagos. Él le dirá lo que quiere Raúl. También Gustavo Cisneros, pana de Trump, se lo puede aclarar.

aecarrib@gmail.com

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