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La inminente victoria requiere multiplicar la lucha de calle

La inminente victoria requiere multiplicar la lucha de calle y no renunciar a ningún escenario para el combate cívico, incluyendo diálogo y negociación.

La multitudinaria concurrencia que desbordó los centros de la consulta popular del pasado domingo expresa un contundente mandato a la dirección de las fuerzas democráticas para impulsar una transición cívica, pacífica, constitucional y libertaria trazando una hoja de ruta a fin de constituir un Gobierno de Unidad Nacional con amplio respaldo nacional e internacional, capaz de emprender la reconstrucción de la República.

Millones de venezolanos, en impecable lección ciudadana, se involucraron en un proceso de consulta sobre el destino de la patria convocados por la Asamblea Nacional y con asidero político y constitucional, que coloca en manos del pueblo la decisión sobre los asuntos que los involucran. Esta novedosa concepción de la democracia dota de incuestionable legitimidad las decisiones que asuma el colectivo venezolano.

“Voz del pueblo, es voz de Dios“, reza la expresión popular al resaltar que la decisión de la inmensa mayoría debe estar guiada por la divina providencia, y que Dios todopoderoso, a través de los hombres, marca las grandes posiciones ciudadanas haciéndolas prevalecer. Ojalá y esta demostración inobjetable de lo que Venezuela desea despierte un atisbo de sensatez en un Gobierno que hasta ahora ha sido refractario a toda apertura, diálogo o negociación, y ha preferido seguir el camino de la violencia, la represión y la fuerza pretendiendo sostenerse sobre un baño de sangre para preservar impunidades y privilegios.

También, para quienes ejercen tareas de responsabilidad y conducción en el campo de las fuerzas democráticas, los resultados de la gran consulta popular son un mandato que los obliga  a actuar con firmeza en procura de los cambios que se hacen impostergables y en el diseño de una estrategia que renuncie a la pasividad, pero que a la par evite los errores del radicalismo y el voluntarismo, que en no pocas oportunidades nos han conducido al fracaso y la frustración.

Tres tareas parecen lógicas a partir del 16 de julio. En primer término incrementar y solidificar el frente democrático incorporando a cada vez mayor número de individualidades y sectores que repudian al Régimen dándole articulación y direccionalidad. En segundo lugar, volcarse a los espacios del conflicto social cotidiano; es decir, a los lugares donde el pueblo pena por hambre, medicina y asistencia y llevarles un mensaje que los interprete, los motive e incorpore a la lucha. Y en tercer lugar y como resultante de la pregunta de la consulta popular aprobada, multiplicar el mensaje y el llamado a la Fuerza Armada para que conforme a las responsabilidades que les encomienda la Constitución, hacerla respetar recordando que su lealtad orgánica y profesional es con el conjunto de la nación y no con persona o  parcialidad política alguna.

Multiplicar la lucha de calle, sobre todo las convocatorias abiertas y multitudinarias, y no renunciar a ningún escenario para el combate cívico, incluyendo el diálogo y la negociación que son consustanciales a la democracia. Coraje, efectividad e inteligencia son las virtudes que marcaran la inminente victoria del pueblo venezolano.

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