.

La realidad se impone a decretos y sueños de gobernantes

La realidad se impone a decretos y sueños de gobernantes, cuya visión no alcanza más allá de lo que les conviene. 

Lo que está pasando en Venezuela después de la consulta popular del 16 de julio no es un simple episodio político sin consecuencias válidas, como aseguran los que se apoderaron del Estado hace 18 años.

Ese acontecimiento tiene muchas lecciones, tanto para los que se aferran al Gobierno como para los que quieren instalarse en la cúspide.

Para empezar hay que observar que, como siempre ha sido, ante un mismo hecho surgen versiones totalmente enfrentadas, según sea la versión de quienes disfrutan las mieles del poder o la de quienes aspiran a esas mieles.

Los que se apoderaron de todos los recursos del Estado venezolano hace 18 años se acostumbraron a imponer sus versiones de los hechos y gran parte del mundo les creía, algunos por obtener a cambio dádivas de un país petrolero, o alguna licencia para proyectos mineros.

Poco a poco esas versiones fueron perdiendo fuerza, a pesar de los controles sobre los medios tradicionales de comunicación social. Lo grave es que quienes manipularon los hechos perdieron la capacidad de percibir la realidad pura y simple. Dicen que los mentirosos terminan creyendo sus propias mentiras.

Para quien encabeza esa cúpula que se creyó dueña de la verdad y derrochó millones de dólares en cuñas y demás piezas de propaganda para montar un simulacro de Asamblea Nacional Constituyente, debe ser muy duro que un líder que no las tiene todas a su favor, pero es el presidente de Estados Unidos, un país cuya libertad es reconocida por tirios y troyanos, diga: “El domingo, el pueblo venezolano repitió de manera clara que apoya la democracia, la libertad y la ley. Sin embargo, sus acciones valientes y rotundas siguen siendo ignoradas por un líder malo que sueña con convertirse en un dictador”.

Ese sueño parece estar a punto de que aparezca en la pantalla la palabra “end” y un detalle importante de las lecciones que dejan lo que está pasando es que todo indica que el punto final lo enfatiza el sector transporte, porque desde hace años los tienen engañados con facilidades para adquirir los repuestos que necesitan las unidades y con el pago por el subsidio al pasaje estudiantil que todos los años aprueban, pero el dinero se pierde antes de llegar a los transportistas. Los ministros del ramo no se han ocupado de eso y ese sector ha sido el factor más importante en el paro nacional iniciado el pasado jueves.

La situación se agravó porque el Gobierno “secuestró” buses fabricados en China que fueron adquiridos por personas de la tercera edad que buscan salida a las bajas pensiones e invirtieron parte de su dinero para esa opción. El Gobierno llegó y se llevó las unidades paradas por falta de repuestos, como si fueran de su propiedad. Los transportistas decidieron seguir en paro el viernes hasta que les devuelvan sus unidades y alertaron que eso es lo que quiere el Gobierno: apoderarse de toda iniciativa privada a través de la Constituyente del 30 de julio.

@jajogra

 

Relacionados: