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La consulta popular del 16J

El diputado Henry Ramos considera que el resultado abrumador de la masiva concurrencia que ejerció su derecho a la rebelión el domingo pasado es un triunfo sin precedentes.

Organizada en apenas 12 días, sin cuñas ni propaganda, convocando sólo a través de las redes sociales, con recursos económicos ínfimos, sin CNE ni Plan República, pese a las amenazas e intimidaciones del régimen sobre los funcionarios públicos y ciudadanía en general, en fin, en medio de circunstancias nada propicias, la AN y la MUD promovimos la Consulta Popular del domingo 16J para preguntar directamente a los integrantes de la soberanía sobre su rechazo o aceptación a la constituyente espuria violatoria de la CRBV propuesta por Maduro; sobre demandar a la Fuerza Armada Nacional y a los funcionarios públicos si defenderían o no la Constitución de 1999 y las decisiones de la AN y finalmente si aprobaban o no la renovación de los poderes públicos de conformidad con la CRBV y la realización de elecciones libres y transparentes, así como la conformación de un gobierno de unión nacional para restituir el orden constitucional. La obvia pertinencia de lo consultado así como el rechazo a quien simboliza las infracciones a la democracia y la institucionalidad, garantizaban por anticipado la concurrencia masiva de la ciudadanía y el resultado abrumador que la consulta produjo.

El mismo día y en el mismo horario, el régimen promovió un simulacro de elecciones de candidatos para la espuria constituyente, procediendo, como siempre lo hace, a efectuar un contra-evento para sabotear o minimizar los efectos del auspiciado por la oposición. Quizás en esto consistió su peor error, porque sirvió para que propios y extraños, la totalidad nacional e internacional, pudieran contrastar la entidad de ambos eventos: el de la oposición, una auténtica y exultante manifestación masiva de ciudadanía, versus el melancólico, desabrido y esmirriado gubernamental al que ni siquiera Maduro como promotor se atrevió a asistir. El éxito mismo de la Consulta Popular, resultó admitido por la vocería oficialista que quiso desacreditarlo tildándolo de fraudulento en su contenido y resultados, dedicándole horas de información masificada a través de los medios oficiales de comunicación, mientras, otra torpeza, no emplearon ni segundos al imposible de prestigiar su simulacro electoral.

      La gente sabe lo que ocurrió porque lo presenció. Así que huelgan argumentos en cualquier sentido. Al menos en este caso, la misma noche del domingo 16, un inusualmente moderado Maduro, admitía sin decirlo, con un rostro que hablaba más que mil palabras, la rotundidad, contundencia e impacto de la Consulta y en medio de una cadena para referirse a temas que nadie recuerda, volvía con la cantinela de hipocritones mensajes de paz y llamados al diálogo. El régimen sabe que quienes en verdad hicieron de la Consulta un triunfo sin precedentes fueron los ciudadanos comunes y corrientes que se automovilizaron, hicieron pacientes colas, armaron y dirigieron las mesas, suministraron la logística (urnas, papel, boletas, actas, comida, seguridad, atención de primeros auxilios y pare de contar) y finalmente levantaron las actas, transmitieron los resultados y se mantuvieron firmes durante toda la jornada como testimonio inquebrantable de democracia. Así aconteció en Venezuela y en todos los lugares del mundo, hasta en los más recónditos donde se hallan venezolanos de la diáspora. Venezuela fue universal el pasado 16 de Julio de 2017: fecha para la Historia grande.

 

 

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