.

El asesino anda suelto

Son dos cosas jamás vistas antes. La primera es el exitoso referendo organizado por la sociedad civil sin presencia de organismo oficial alguno. La otra es asesinar a los manifestantes desarmados al ritmo de uno diario.

Del referendo organizado por la sociedad civil sin presencia de autoridad alguna, para prohibir al gobierno la creación ilegal de una asamblea constituyente selectiva, los ex presidentes venidos de observadores dijeron que era un “caso único en el mundo”. Debemos agregar que también es único en el mundo el asesinato institucionalizado de apróx. uno o dos manifestantes desarmados diarios. Un crimen extendido durante más de tres meses y sin precedente en la Historia de toda América.

El referendo espontáneo ha llamado la atención. El viernes 21 de julio, el influyente diario francés Le Monde dedicó su editorial al caso Venezuela: “Ante una oposición que exige elecciones anticipadas, el régimen respondió con una represión brutal. Una mediación de países vecinos y el retiro del clan que está en el poder se hacen urgentes.” El diario se pregunta “¿cuánto tiempo más la tragedia venezolana puede durar?”

El editorial observa que “el chavismo es la máscara que tapa a un estado mafioso, implicado en todos los tráficos desde el de la droga hasta los de las armas. El país es una de las principales plataformas de exportación de los estupefacientes hacia Europa. El último sostén del régimen, las fuerzas armadas, dominan un tercio de los ministerios y parte de la economía”.

En cuanto a la población civil, con la “recesión, hiperinflación, devaluación de la moneda y vertiginosa pérdida del poder de compra, el empobrecimiento es general. El 16 de julio, los 7,5 millones de (venezolanos) que participaron en el referendo, provenían por igual de las secciones clase media, los suburbios y barrios pobres.”

Relata el editorial las maniobras del gobierno para confeccionar una constituyente que anule al parlamento de mayoría opositora y habla de la represión en las calles: “la soldatesca del régimen abatió un centenar de manifestantes (…). Dentro de ese cara a cara desigual, los opositores necesitan recibir la solidaridad internacional. Los grandes vecinos de Venezuela, como Colombia, deben imponer una mediación y después, lograr un retiro ordenado del clan Maduro. No hay otra solución. El populismo versión Hugo Chávez arrasó con el país, arruinó a sus habitantes, rasgó el tejido social que ya era frágil. Es la asociación de la incompetencia y del bandidaje del Estado sobre fondo de tiranía política. Y más nada.” Con estas palabras cierra el editorial.

A “Le Monde” no se le escapó ningún aspecto de la actual tragedia venezolana, pero si el mundo se indigna, ¿qué decir de los propios venezolanos, del dolor de las familias enlutadas y del cinismo de unas autoridades que se sostienen matando por cuentagotas a la gente en la calle?

¿Dónde está el honor del soldado, del oficial que lo dirige y del general que imparte las órdenes? ¿La espada que les dieron en su graduación era para asesinar a su propia gente? ¿Dónde están los oficiales honestos? ¿O será que ya no queda ni uno para ordenar que cesen de matar a lo más bello de cada nación, como lo son los jóvenes llenos de sueños y potencial para crear un gran país?

La forma ruin y cobarde de disparar sobre grupos de gente desarmada que reclama un derecho tan elemental como el de la vida, no tiene antecedentes en el mundo civilizado. El asesino dispara hacia el más joven, al más alerta de los manifestantes, se asemeja al cazador que escoge a la más bella de las gacelas cuando las ve en manada. Estamos en época de fin de un año escolar y entre los asesinados crece el número de jóvenes que estaban por recibir su diploma – que luego los padres enlutados recogen post mortem. Vidas jóvenes, útiles y trabajadoras, estudiosas, – cortadas por un gobierno venal, criminal y sin que nadie le imponga castigo.

Cada joven asesinado por un Guardia Nacional, o un Policía Nacional – ambos mal llamados bolivarianos – es una puñalada asestada a toda la nación. Peor todavía cuando el asesino es un miembro de los llamados “colectivos”, bandas de motorizados civiles que rondan a los manifestantes y utilizan armas de fuego, porque allí la culpa es de quienes armaron, aleccionaron y protegen ese tipo de actividad.

Se culpa a Marcos Pérez Jiménez por haber sido un dictador. Pero cuando un 22 de enero le propusieron tomar la Escuela Militar cuyos cadetes se habían sublevado, se negó y prefirió abordar “la vaca sagrada” (el avión presidencial) e irse al exilio. No mataré cadetes que son el futuro de la Fuerza Armada – fue su respuesta.

Las matanzas de los jóvenes son algo a lo que no se ha atrevido ni el más longevo y desalmado dictador de Venezuela, Juan Vicente Gómez. Utilizó la Rotunda, las cárceles, colocaba los grillos, pero nunca incurrió en un sistemático asesinato de los estudiantes que lo adversaban.

La novedad es de Nicolás Maduro, con todas las consecuencias que esto acarrea y que apuntan a La Haya.

 

Relacionados: