La dictadura de Maduro se aferra al poder con una economía devastada

La dictadura de Nicolás Maduro se aferra al poder en una huida hacia adelante y no sabemos si nos salvará un cisne negro.

Ver cisnes negros, a causa de su escasez, no es frecuente. A menos que uno de ellos aparezca antes del 30 de julio, que a estas alturas no luce probable, se consumará ese día la fechoría electoral constituyente programada por la dictadura que oprime al país. Para el momento de publicarse este artículo -miércoles 26 de julio- apenas faltarían cuatro días para que los gobernantes espurios en ejercicio del poder repiquen campanas de júbilo, sin darse cuenta de que éstas podrían estar doblando por la despedida de un Régimen que se va llevando a cuestas más de 100 muertos en menos de cuatro meses, miles de heridos y centenares de presos.

La minoritaria oligarquía que ha asaltado el gobierno nacional no ha tenido tímpano para oír las solicitudes y advertencias de sanciones hechas, dentro y fuera de nuestras fronteras, a propósito de la estafa constituyente en marcha.

Que se desista de la Constituyente fue un clamor que brotó de la consulta popular del domingo 16 de julio. Fue petición de las calles vacías del paro de la semana pasada. Será el reclamo de la huelga general decretada por el movimiento sindical nacional a partir de este miércoles 26. Será voz atronadora en la Toma de Caracas del viernes 28. Y es la demanda de un gran arco de opinión en el que se inscriben sectores fundamentales de la sociedad venezolana y los más variados credos religiosos, a la cabeza de éstos la Iglesia Católica que, por boca del cardenal Jorge Urosa  Savino, declaró el domingo próximo pasado que “la gravísima crisis que ellos mismos (Maduro y su camarilla civil-militar) han creado se profundizará en caso de que se instale la Asamblea Nacional Constituyente”.

Que se desista de la Asamblea Nacional Constituyente lo han requerido organizaciones multilaterales de la comunidad internacional, gobiernos democráticos y exjefes de Estado y de Gobierno de América Latina y Europa, y ONGs de los dos lados del Atlántico. Los insultos y la provocación obsesiva de la dictadura de Maduro contra Estados Unidos han dado pie para que el presidente Donald Trump, que no se distingue por la moderación política, haya dejado abierta la posibilidad de prohibir o recortar la importación de nuestro petróleo por ese  país, lo que en opinión de Moisés Naím que yo suscribo, sería indeseable porque, dada la dependencia petrolera de nuestra economía, terminaría “agravando la crisis humanitaria que está devastando a los venezolanos”, y serviría de “excusa” para justificar la catástrofe de una economía que ya está colapsada. La dictadura, que ha desaparecido la mitad de la renta petrolera, está exponiendo irresponsablemente al pueblo venezolano a una tragedia mayor.

A ese abismo nos lleva esta dictadura de 18 años que ya alcanzó la mayoría de edad y que, como sentenció el diario francés “Le Monde” en reciente editorial, se aferra al poder en una huida hacia adelante donde la violencia del Estado es la cotidianidad de los ciudadanos”.

Afrontamos días difíciles y decisivos, y no sabemos si nos salvará la aparición de un cisne negro.

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