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Maduro sigue adelante sin respaldo popular con su brutal represión

A pocas horas de la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente propuesta por Castro, Nicolás Maduro sigue adelante con su matanza y su brutal represión.

La desesperación es desbordante en las esferas gubernamentales. No tienen respaldo popular. Están desprestigiados porque son evidentes los desafueros que los sepultan en el pantano. Son aberrantes y grotescos sus desempeños, desde la corrupción, el narcotráfico y la indolencia ante una ciudadanía cada día más defraudada por la falsa y engañosa revolución, que protesta indignada por tanto descaro y traición. Se empeñan en mantenerse en el poder a juro, usando la fuerza bruta, aunque eso implique deshonrar a la Fuerza Armada Nacional, con militares comprometidos hasta los tequeteques en crímenes de lesa humanidad.

Estructuraron una policía nacional con uniforme intimidante, órgano neonato que por ser politizado, se reduce a escuadrón persecutorio de la disidencia. Se comenta que usan matones sacados de las cárceles, como lo hizo en su etapa terminal Sadam Hussein, formando los famosos y siniestros grupos de Alí Babá. Venezuela y los venezolanos hemos resistido con dignidad ejemplarizante que se muestra en el mundo como una acción épica que nos distingue como un pueblo valiente. Son más de 120 días continuos soportando agresiones descomunales. Vecinos que han sufrido en carne propia las violaciones de sus más elementales derechos humanos, viendo cómo arrasan sus viviendas y se roban sus pertenencias. En medio de todas las penurias, la gente hace sacrificios que no se limitan ya a marchar con banderas y entonando nuestro Himno Nacional. También se han sumado masivamente al paro cívico activo comerciantes y empresarios ligados a transportistas y trabajadores en general. Es loable esa ofrenda de unos comerciantes y empresarios que acusan los rigores de la espantosa crisis económica y de vecinos resteados a perder ya no solo sus enseres, sino sus propias vidas. Maduro sigue manchando su historia con la sangre de más de 106 ciudadanos asesinados. La magia de las redes sociales ha dejado elocuentes e incontrovertibles testimonios de esos crímenes cometidos con una saña ajena a la idiosincrasia de los hijos de esta tierra de Bolívar.

Escribo estas líneas a pocas horas de esa locura anunciada para este domingo. Maduro, mientras prosigue con su matanza, propone dialogar, obligatoriamente, a la oposición a 72 horas de la pretendida constituyente cubana. Una oferta desquiciada por los términos en que la hace. Además, altaneramente, “prohíben en todo el territorio nacional las reuniones y manifestaciones públicas, concentraciones de personas y cualquier otro acto similar que puedan perturbar o afectar el normal desarrollo del proceso electoral”, dijo el ministro para el Interior, Néstor Reverol, en una alocución televisada.

Un ministro descalificado, destituido por voto de censura de la Asamblea Nacional y cuyo nombre destaca en la lista negra internacional. Está tan desequilibrada la tiranía, que funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana detuvieron de manera ilegal, este jueves, al violinista Wuilly Arteaga en las inmediaciones de la avenida Libertador de Caracas. El miedo es tan grande que los que están armados con fusiles les temen a un violín.

 

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