Opinión

No son grillos ni cadenas: es un chip

A Miranda lo pusieron bajo barrotes. A los presos de Gómez les colocaban grillos. Bajo Pérez Jiménez amarraban las muñecas. Maduro se dejó de esas tonterías y se modernizó: ahora es el chip.

Así que hoy, domingo 30 de julio de 2017, el comunismo internacional juega su última carta en Venezuela, pues de ese día depende que pierda o guarde el control del almacén que por los últimos 17 años le sirve de abastecedor en petróleo y petrodólares. Como es la norma en todos los comicios electorales de países comunistas – y recalco que en todos y desde siempre -, también en ese las cartas están marcadas.

La trampa fue cuidadosamente preparada desde el primer día de enero 2017, de lo cual tengo mi prueba muy personal: el artículo que escribí en el primer número de la revista Zeta de ese año, en enero 2017. Allí expliqué lo que se preparaba para los meses venideros y me permito citar esos párrafos con un antipático “¿no se los dije yo?”

Así que cito el artículo mío en Zeta, escrito y publicado en enero sobre los juguetes que lanzan al pueblo: “…Vinieron posteriormente en cada elección nuevos inventos: que si las máquinas Smartmatic, que si el captahuellas, que si la Misión Vivienda con millones de gente inscritos, venidos a votar no por un gobierno, sino por creer que les darán un apartamento.”

Sigo citando: “Conociendo estos antecedentes, lo que más me alarma, es la explicación que dio Maduro del novedoso Carnet de la Patria dotado de información encriptada en código QR. No dijo todo lo que ese código contendrá, además del registro para recibir bolsas clap o inscripción en Misiones. Insistió en que la costumbre de utilizar tales instrumentos sirve para llegar a la información, leyéndola “diariamente” dijo, en el teléfono celular, la tableta, la computadora y preguntó a la audiencia, luego a unos niños presentes, cuántos utilizaban esos posibles lectores, recibiendo una jubilosa respuesta afirmativa y nutrida.”

Es cuando pregunté: “¿Qué contendrá ese QR además de un control social y policial de cada persona y posiblemente su ubicación en tiempo real? El texto encriptado no se ve pequeño, por lo tanto, contiene muchos elementos. El sistema no es de origen chino, como lo dijo Maduro, sino que se trata de un invento hecho en Japón hace ya algunos años y se ha utilizado como herramienta empresarial o comercial, para almacenar y transmitir datos, generalmente comerciales. ¿Será que además del control de cada persona y de servir de tarjeta de racionamiento de alimentos, se busca un instrumento que tenga un fin electoral, como lo fue el Quino Chávez en 1999 cuando sirvió para organizar el partido de gobierno y para dirigir el voto? ¿Se volverá a prestar la población a jugar con un nuevo Quino?” Terminé el artículo de enero, con la observación de que ese tipo de control hubiese “hecho palidecer de envidia al mismísimo Jósef Stalin”.

Hoy, en julio de 2017, a lo anterior puedo agregar que, efectivamente, el sistema soviético intentó desde su primera instauración en los años 20 y 30, lograr un mecanismo que sometiera a toda la población a un control político total – que no quede ni un ciudadano que no esté bajo el ojo siempre presente de la policía política. Durante décadas se esmeraron en lograrlo por la vía del espionaje que obligaba a todo ciudadanos a denunciar a cualquier otro ciudadano sospechado de no comulgar con el sistema. De allí la famosa Stasi en Alemania Oriental, la siempre existente KGB rusa, el G-2 cubano y ahora, el Sebin venezolano. En Venezuela llevaron la imitación hasta crear a los “patriotas cooperantes”.

Cuando apareció la electrónica y fue posible elaborar listas computarizadas de toda una población, se le abrió otra ventana a lo que penosamente se había intentado a lo largo de casi un siglo : controlar a todo el mundo. En Venezuela se dieron un banquete con la lista Tascón.

Después adquirieron las captahuellas para controlar ya no sólo a los votantes, sino la compra individual de comida en cada supermercado. Llegó entonces el instrumento ideal – el milagroso chip del Carnet de la Patria. Presumiblemente, ese chip, según afirma Maduro, almacena los datos de todo lo que hace, donde está, qué tiene y hasta cuáles son sus redes sociales y qué les dice, cada uno de los ciudadanos. Tal como lo observé desde el primer momento, esto hubiese sido el sueño del mayor asesino del siglo XX, José Stalin, creador de la policía política, hoy KGB, luego imitada por la Gestapo de Hitler.

La amenaza que representa ese chip en la hoy intentada elección de una Constituyente en Venezuela, fue descrita el pasado 25 de julio en un informe de la agencia EFE bajo el titulo “El secreto detrás del código QR del Carnet de la Patria”. Ese informe fue reproducido por varios medios venezolanos, no sé si para advertir o para amenazar.

El propio Nicolás Maduro lo utiliza para inflar la apariencia de su efectividad y amenazar: recientemente afirmó que tiene 14 millones de venezolanos censados con el Carnet de la Patria y que eso le permite “saber cuántas personas hay en una sala e incluso quiénes están embarazadas”. En el cierre de la campaña electoral para la constituyente, al ver lo escuálido de la asistencia, multiplicó las amenazas contra todos los que no acudirán a votar. No importa por quién se depositará el voto, con tal de que infle el total de los votantes para las fotos, por lo menos. De lo que se trata, es de poder decir – fuese cierto o no – que votaron más que los 7,5 millones que expresaron el pasado 16 de julio su rechazo a la constituyente.

De modo que hoy, domingo 30 de julio, los venezolanos han sido colocados en la disyuntiva de someterse sin fecha de vencimiento a la esclavitud bajo el látigo de un chip, o negarse a “hincar su cerviz bajo el yugo” – término utilizado por el imperio romano para describir a los vencidos y prueba de que no hay nada nuevo en este mundo.

¿Podrán los venezolanos resistir a esa presión para esclavizarlos con un chip? De efectuarse esos comicios, los resultados de este domingo, obviamente serán, como siempre lo son en esos sistemas, de una falsa mayoría a favor del tirano. Dependerá de los venezolanos aceptarlo o denunciarlo. El lunes lo sabremos.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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