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El Reichstag criollo

Créditos de la Imagen: Agencia

¿Es la quema del Reichstag?, dijo mi esposo mirando en cadena de TV la instalación de la Constituyente. Sí, contesté, es algo de todos los tiempos y en todos los pueblos, terminando siempre con enormes padecimientos para la población.  

De los videos vistos esta semana en las redes sociales, el más impactante es el que parece haber sido grabado por una cámara de vigilancia con visión nocturna instalada en el Palacio Legislativo. Se ven unos hombres forzando la puerta del Salón Elíptico, lugar donde sesionan los diputados. La hora es la 1 de la mañana, o sea que esos hombres se introducen a escondidas entre gallos y medianoche. A uno de ellos se le nota en las manos una mandarria, que aparentemente no utilizaron cuando lograron forzar la cerradura.

Trabajaron rápido una vez adentro, porque a la mañana siguiente ya no estaban las curules de los diputados y en su lugar, en pocas horas ya tenían las 550 sillas para acomodar a los más de 500 constituyentistas.

Menos mal que todo terminó con forzar cerraduras. Cuando eso mismo pasó en Europa, no forzaron puertas, sino que quemaron el palacio. Fue cuando en 1933 Hitler era primer ministro y su poder estaba restringido por un parlamento de mayoría opositora. Su remedio fue incendiar el parlamento, el Reichstag, acusar a los partidos que le adversaban de ser los incendiarios, anular la inmunidad parlamentaria de los diputados, detenerlos y enjuiciarlos. Asunto arreglado: ¡Hitler dictador!

Lo de Caracas es la versión tropical de esa secuencia que ni es nueva, ni muy original. Stalin hizo lo mismo cuando unas elecciones regionales fueron ganadas por una corriente democrática. Les mandó los “colectivos armados” de la época (año 1917) y de allí a instaurar una dictadura, fue rápido. En 1933, con la quema del Reichstag y la destrucción de la oposición, Hitler imitó a Stalin. En los años 50, según contó Valentín Arenas, para entonces compañero de estudios de Fidel Castro en la Universidad de La Habana, éste último leía el libro “Mi Lucha” de Hitler sobre la secuencia a seguir para ampararse del poder y vaya que la siguió. En 1994, Hugo Chávez me aclaró personalmente, durante una entrevista para la revista Zeta, que él leyó “Mi Lucha” de Hitler y la encontraba “muy interesante”. Chávez no necesitó quemar nada, con dominar el CNE era suficiente.

Ahora, con Nicolás Maduro, la historia se repite a su manera. Los únicos que, quizás por conocer desde niños los procederes del régimen tuvieron la inteligencia de salir a la calle el pasado jueves, fueron los muy jóvenes en Caracas – Santa Rosa de Lima, Altamira, El Rosal, Prados – y son las imágenes de la represión que ellos sufrieron y que arrojó una decena de heridos, las que en contraparte colocaron los noticieros del mundo cuando mostraban la instauración solemne de la constituyente. De no ser por estos jóvenes, la señal en TV de con quien hay que conversar para el “caso Venezuela”, hubiera sido que con Delcy y más nadie.

Los jóvenes tienen razón en insistir. Cada vez que la oposición llega al punto de ganar la partida, los “presidenciables” rompen la unidad, cada uno pensando que debe saltar primero en la lid. La lista de los apresurados es tan larga que uno se cansaría de repetirla, empieza con un tal Carmona y sigue sin parar. Imperdonable ha sido en estos días no ver a los “presidenciables” parados todos, junto a la MUD, cuando se impartían las instrucciones a la población. Porque la que está clara y unida en sus metas, es la población que sacrifica vidas, salud, puestos de trabajo, hasta sus viviendas, para devolver el país a la senda de libertades y bienestar.

Volviendo a lo básico. Desde que existen los cuerpos deliberantes electos por la población, y podemos sacar la cuenta desde Atenas en la antigua Grecia, Roma republicana, Edad Media europea y en tiempos modernos en todo el mundo – el salto del poder parlamentario a la monarquía absoluta, la dictadura o el absolutismo, siempre ha ocurrido después de aniquilar a las “demos” – las manifestaciones de voluntad del pueblo. Lo que ocurrió este jueves en Venezuela, con un grupo arrogándose el poder sin tener la mayoría, es de manual, e históricamente es puerta abierta a la dictadura.

El único problema real que se plantea, consiste en si Venezuela se regirá por un gobierno limpiamente electo, o por una dictadura contraria a la mayoría. De allí lo importante de la diferencia real entre la votación de la oposición el 16 y la del gobierno el 30 de julio. Al aparecer la denuncia nada menos que de Smartmatic, el contador de votos, sobre el fraude en la segunda, hay empeño en ofrecer caramelitos electorales para hacer olvidar el fraude. Recibirlos es una cosa, pero tragarlos – tomará un tiempo que el hambre del pueblo no permitirá esperar.

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