El Nuevo País .

El único sostén que le queda a la dictadura son la FAN

Carlos Canache, quien fue presidente de la Cámara de Diputados (1979-1980) y jefe de la fracción parlamentaria de AD  por diez años, manifiesta que la dictadura aún sigue de pie debido a la FAN, “el sostén que le queda”.

Durante la dictadura de Pérez Jiménez, Domingo Alberto Rangel publicó, a mediados de los años 50, un libro titulado “Venezuela, país ocupado”. Como él mismo dice en la Introducción, es en el plano económico donde se advierte “el carácter de fuerza ocupante que distingue a la dictadura militar”, al convertir a Venezuela “en simple provincia de intereses extranjeros”.

Ahora, otra ocupación sufre Venezuela bajo la dictadura militar que encabeza el civil Nicolás Maduro. Existe la percepción generalizada de que somos un país ocupado por nuestra propia Fuerza Armada, tutelada desde Cuba. El abogado Pedro Nikken, expresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, declaró al semanario “La Razón” el 30 de julio lo siguiente: “Cuando en un país se le impone a la gente un modo de vida que no es el que la gente quiere, ni por el que ha votado, y las fuerzas armadas son las encargadas de ejecutar ese propósito, lo que ocurre es que las fuerzas armadas cumplen el papel de ejército de ocupación en su propio país, el papel más aberrante que pueden desempeñar”. Y, también, vergonzoso.

La inmensa mayoría de los venezolanos, como se siente y lo revelan las encuestas, rechaza el modo de vida política y económica que la dictadura nos ha impuesto y que solo subsiste por el apoyo del Alto Mando que controla a la institución armada. Un modo de vida político que borró la democracia y un modo de vida económico colapsado, que se acerca a una hiperinflación que amenaza con barrer los conos monetarios de denominaciones crecientes que implementa la camarilla civil-militar que, mediante el fraude electoral, usurpa el poder.

Rómulo Betancourt, en su obra “Venezuela, política y petróleo”, publicada en 1956, cita al sociólogo Karl Mannheim, quien observó que “una fuerza militar puede de tal modo aislarse socialmente de la población general, que siempre sea posible usarla contra ella”. Seguidamente, Betancourt concluye en que “la sola resistencia” de las masas populares no es suficiente para reconquistar la democracia, sino que a la estrategia hay que sumar “la atracción al campo democrático de una parte siquiera de las fuerzas militares que apoyen, por inercia o por irrazonada sumisión disciplinaria, a regímenes despóticos”. El apoyo solicitado se soporta en disposiciones de la Constitución Nacional.

Desde el 1° de abril a la fecha, han transcurrido más de cuatro meses de protesta en las calles, marchas masivas, grandes concentraciones, barricadas, paros, la extraordinaria consulta electoral del 16 de julio con la participación de más de siete millones y medio de personas, en fin, más de cuatro meses de insurgencia popular que han dejado el trágico saldo de más de 120 muertos, a lo que se añaden la condena y la presión de la comunidad internacional, sin que se haya producido el resultado esperado, generándose así desaliento y frustración en la sociedad venezolana. La dictadura agoniza, pero no desaparece. La democracia no ha vuelto.

La única explicación de que la dictadura todavía esté de pie, a pesar de estar repudiada “urbi et orbi”, es que sigue recostada de la FAN, el sostén que le queda.

 

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