El Nuevo País .

Es momento de discutir el reestablecimiento de la estabilidad política y económica

El autor, exsecretario del Movimiento al Socialismo (MAS), considera que la oposición debe abandonar la estrategia de “la primavera” y del embargo extranjero.

Luego de los meses de fuertes turbulencias, es el momento de discutir y planificar las acciones que conduzcan al restablecimiento de la estabilidad política del país y a la recuperación económica. Para ello es indispensable retomar las negociaciones que tuvieron lugar durante todo el mes de julio, que sirvieron para regularizar algunos aspectos del conflicto, como el levantamiento de las acciones de calle, el mantenimiento de la Asamblea Nacional, el funcionamiento administrativo de la Constituyente en la Casa Amarilla, y la realización de sus deliberaciones en la antigua sede del Senado y de la Asamblea Nacional en la antigua cámara de diputados, una suerte de uso compartido de las instalaciones del Palacio Federal. No obstante, estos acuerdos no son suficientes, por lo que es necesario reiniciar las conversaciones con una visión más amplia, en las que se construyan los escenarios de las elecciones presidenciales de diciembre de 2018 y los acuerdos políticos para el período 2019-2024.

El 30 de julio marca la culminación de las protestas iniciadas por la oposición durante los primeros días de abril y que tenían como propósito la deposición de Nicolás Maduro, a lo que se le añadió posteriormente como meta la suspensión de la Constituyente. Ninguno de estos objetivos fue alcanzado, a pesar de que por cuatro meses se adelantó la estrategia de las “primaveras”, en la que se combinaron marchas pacíficas con acciones violentas de calle.

Una vez constatado el revés, los partidos de la Mud han decidido dar un giro y adoptar de nuevo la estrategia institucional. Esto se ha traducido en el levantamiento progresivo de “la calle” y en la decisión de participar en el proceso electoral de las gobernaciones. Son pasos positivos, que apuntan hacia salidas pacíficas.

Sin embargo, de lado y lado hay que dar pasos más profundos y de largo alcance. En esta perspectiva debe inscribirse ese nuevo dato: la Asamblea Constituyente, que pudiera servir tanto como un instrumento para ahondar el conflicto como de medio para concretar entendimientos. Todo depende de la voluntad política de los factores en pugna.

En cuanto al sector gubernamental, habría que despejar la tentación de crear una institucionalidad alejada de los aspectos clave de la democracia liberal. Y del lado opositor se tendría que vencer el espíritu de revancha que quisiera imponer caída y mesa limpia, una ruptura en el sentido de un modelo completamente distinto al actual. Por lo tanto, hay que negociar unos parámetros de coexistencia que puedan inscribirse, de mutuo acuerdo, como parte de los cambios que se harán en la Constitución.

Claro está, esta opción tendrá que superar obstáculos. De una parte, la sobrestimación de fuerzas del lado gubernamental. Y en el campo opositor se debe descartar la estrategia de “la primavera”, el apoyo a grupúsculos que apuestan a la “lucha armada”, o la ejecución de un embargo extranjero, que por interés de Nación tendría que ser enfrentado por métodos excepcionales.

 

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