El Nuevo País .

¿Qué se han creído los constituyentes?

Créditos de la Imagen: Agencia

No les veo futuro a los constituyentes. Primero, debido al hambre que no espera ni elecciones, ni gobernadores, ni nada. Segundo: por una propaganda vetusta que hoy, a nadie le viene ni le va.

Hay angustia por la cantidad de alcaldes electos con el voto popular y perseguidos por la dictadura. Así que cuando César Miguel Rondon entrevistó a nuestro excelente alcalde de Baruta, Gerardo Blyde, prendí Unión Radio y estaba toda oídos. El hombre está en peligro y necesitaba saber qué dirá. Para mi sorpresa, el entrevistado consideró que hay un tema más apremiante que la política. Relató que en su municipio, aparecen niños de 6, 8 o 10 años, a los que su mamá los botó de la casa por no poder alimentarlos, porque hay un hermanito más chiquito y lo poco de comida es para el bebé. Pensé: y es que Baruta es uno de los municipios más privilegiados, ¿qué estará pasando en el interior, en los caseríos?

La polémica de si presentar o no candidatos a unas elecciones ya poco importa, porque por más fraudulentas que fuesen, suponen cierto orden gubernamental, lo que en las condiciones actuales y las que se vislumbran para el inmediato futuro, ni es, ni será posible.

Desde luego, el hambre ha sido históricamente un importante factor de poder en los regímenes comunistas, porque en una economía donde todo está nacionalizado o controlado, el gobierno se convierte en el amo que distribuye las migajas para calmar a la jauría. Lo hicieron  creando la famosísima hambruna de Ucrania que dejó morir de hambre a millones en la URSS y eso les funcionó para imponer un gobierno totalitario con presos políticos y todo lo demás. Igual como en Cuba Fidel Castro se benefició de la hambruna que azotó la isla en el llamado  “período especial”.

Hoy, en Venezuela, me asombra la repetición de todo lo vivido en los países comunistas. Esas cadenas de radio y TV con su “información responsable y veraz” repetidas y obligatorias, donde TODO, sí, TODO por increíble que parezca, es idéntico a lo que veíamos en la URSS hace unos 70 años, con la única diferencia que ahora llega en TV y entonces era en los cines. Salvo la calidad y color de la imagen que antes era en blanco y negro, la hechura es idéntica – los trabajadores uniformados y alegres, caminando por un campo verde, los obreros  trabajando jubilosos, la marcha marcial, etc. Tampoco cambió el vocabulario: se sigue fustigando a los “fascistas”, a la “derecha” y a los “oligarcas” – en casi un siglo no han tenido ni la inteligencia de cambiar de discurso. E igual que entonces, todo es mentira, falta la comida, las colas son interminables y hay presos políticos.

Es cuando pienso que con razón, la fórmula de ese tipo de dictadura ya no pega en el mundo actual y mucho menos en un país como Venezuela, volcado al resto del mundo y conocedor de otros horizontes.  Es como si Maduro sacara del desván un trasto lleno de hace un siglo y pensara que le servirá. Pues es simple – ese trasto ya no sirve.

 

 

 

 

 

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