El Nuevo País .

La ANC nació como un engendro inútil al país

La Asamblea Nacional Constituyente nació como un engendro fraudulento y nunca le prestará al país algún servicio positivo o útil.

La Constituyente descalificada y espuria, lejos de significar mayor estabilidad o gobernabilidad al régimen de Nicolás Maduro, solo ha servido para agudizar la conflictividad y para que desde dentro y fuera de Venezuela se multipliquen las voces que la repudian y descalifican como una burda maniobra que solo servirá para acelerar el descrédito de un gobierno caído en los mayores niveles de impopularidad jamás conocidos en nuestra historia.

Alcanzar la paz, vendida por los promotores del fraude constituyente como el objetivo de la reunión de un cuerpo ilegalmente convocado y tramposamente electo, aparece ahora como un argumento igualmente mentiroso, por cuanto las primeras iniciativas del cuerpo asambleario han estado destinadas a reforzar el atropello, la arbitrariedad y los desafueros que han caracterizado a los verdaderos dueños del circo en Miraflores, iniciándose con la destitución de la valiente fiscal Luisa Ortega Díaz, quien ha asumido una actitud encomiable en defensa de la democracia y el estado de derecho, y en denuncia del pillaje y la violación de los derechos humanos, que son marcas indelebles de este Gobierno.

Nada que no sea acumular mayor repudio, desafección e impopularidad puede esperarse de una ANC que nace con un repudio superior al 80 %, y que solo reproducirá la incapacidad de la cúpula podrida del PSUV, para confrontar el desastre que ellos mismos han gestado en dieciocho años de destrucción y saqueo. Nada podrán hacer para aliviar siquiera el desastre de la economía, la voracidad de la inflación, la devaluación acelerada de la moneda, la erosión de las reservas internacionales, el desabastecimiento, la carestía, la especulación y sus secuelas sociales: el hambre, la exclusión y la carencia de medios elementales para la subsistencia.

Lejos de promover cualquier política encaminada a remediar la grave crisis fraguada con el mensaje del odio y la discriminación, la Asamblea Constituyente reproduce el estilo irrespetuoso, pugnaz, agresivo a contravía del diálogo, los acuerdos, la tolerancia y el respeto que como requisito para la paz y la convivencia exige la inmensa mayoría de los venezolanos. El lenguaje escatológico, soez, grosero y odioso ya ha estado presente en los primeros mensajes y acciones de quienes solo están en esos curules mal ganados para cumplir a pie juntillas las órdenes que bajan del verdadero centro de poder.

Sea cual sea el tiempo y las deliberaciones de la malhadada ANC, sus actuaciones y resultas están destinadas a tener una corta vida. La redacción de un nueva carta fundamental y los actos que se asuman desde el denominado “poder originario”, para que sean viables, necesitan estar respaldados por una amplia legitimidad y consenso, avaladas por un gran acuerdo que traducido en pacto social pueda ser asumido por el conjunto de la nación.

Lo que mal comienza, mal termina. Y lo que nació como un engendro fraudulento y tramposo nunca podrá transformarse en algo que pueda prestar al país algún servicio positivo o útil.

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