Electores deben aprender que discurso bonito no garantiza comida

Hasta que los electores no aprendan que discurso bonito no garantiza comida, sus países seguirán perdiendo oportunidades.

Aprovecharse de la ingenuidad de un pueblo no es nada nuevo. Aunque la ingenuidad no es un mal exclusivo de América Latina y de África, son los dos pedazos del planeta donde mayores beneficios han aportado a quienes han aprovechado esa debilidad.

Lo lamentable es que los siglos pasan y los ingenuos siguen ocupando grandes espacios en esos lugares y terminan siendo clave del destino de cada pueblo. A futuro debe pensarse en perfeccionar los sistemas electorales para que solo puedan aspirar a los máximos cargos aquellos que hayan demostrado su honestidad, su capacidad de trabajo, de convivencia y de solidaridad con el resto de su especie, sin convertir gobiernos en parcelas excluyentes que terminan condenando a la pobreza extrema a millones de personas, además de los perseguidos, encarcelados, asesinados y expulsados.

Eso es parte del retrato de un país como Venezuela, cuyas entrañas siguen repletas de riquezas y sin embargo no hay dinero suficiente ni en los bancos para que la gente pueda comprar su pan de cada día y todo lo demás que necesita un humano del siglo XXI para convivir en paz con sus semejantes.

Lo hemos repetido muchas veces, pero sigue siendo el ejemplo claro de la clase de gobernantes que tiene Venezuela desde 1999.

Desde hace más de 18 años, esos gobernantes se comportan como el típico obrero que cuando cobra su salario y horas extras se va con los bolsillos llenos a donde pueda mostrar que tiene dinero. Unos van a lugares con mujeres y otros a sitios de apuestas con carreras de caballo o cualquier otro deporte. Aunque ganen alguna apuesta, lo que se repite cada día de cobro es que regresan a sus casas con los bolsillos vacíos. Luego pedirán prestado a su jefe inmediato o a la propia empresa hasta que les nieguen eso por falta de pago.

Esos obreros parece que de la Biblia solo leyeron lo que dijo Timoteo: “El amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales”.

Por eso despilfarran en horas todo lo que reciben y aunque  son electores, como otros, siguen creyendo que el pan les llegará del cielo y son captados por el populismo. Parece que hasta que los electores no aprendan que discurso bonito no garantiza comida, sus países seguirán perdiendo oportunidades para elevar su grado de desarrollo y garantizar mejores niveles de vida a sus habitantes.

En Venezuela se ha demostrado que la economía es la que termina imponiéndose a la política, especialmente si la política la manejan irresponsables que creen que pueden seguir en el poder, afianzados solamente en repetidas  promesas de bienestar futuro, sin cumplir con sus trabajadores, con sus proveedores y sus socios económicos. Hay que estar claro que no hay socios ideológicos. Hay socios económicos y, si no reciben los pagos que esperan, se alían con el supuesto enemigo si les garantiza recuperar el dinero que dan por perdido. Dicen que Rusia y China han preferido negociar con EEUU el futuro de Venezuela, antes que con un gobierno mala paga.

@jajogra

 

Relacionados: