Los gobiernos no deben caer en la trampa del Régimen de retirar sus embajadores

Los gobiernos no deben caer en la trampa del Régimen de hacer que retiren sus embajadores, porque ahora más que nunca Venezuela necesita de la comunidad internacional.

Para vergüenza nuestra, un nuevo escarceo diplomático se dio esta semana con la declaración de persona no grata del embajador de Venezuela en Lima. Curiosamente, hay que recordar que luego de las batallas de Junín y Ayacucho, la municipalidad de Lima en 1825, en reconocimiento de su gesta emancipadora, le otorgó al general Simón Bolívar el título de Libertador junto con una Espada de acero, revestida de oro, brillantes y rubíes, forjada por un orfebre llamado Chungapoma.

Esta extraordinaria pieza militar, conocida como la Espada del Perú, junto con el Sol del Perú y el Medallón de Washington, forman parte de las joyas del Libertador, las cuales (desde la época del presidente Carlos Andrés Pérez) fueron expuestas permanentemente al público en una bóveda a la entrada del BCV. Mezquinamente, el profanador del Panteón las retiró y hoy (ante la crisis económica que atravesamos) no sabemos si terminarán en alguna casa de empeño del pasaje Capitolio. La república usaba entregar una réplica de esta espada a los oficiales, al momento de su ascenso a general. En cambio, hoy la revolución estila regalarle copias chimbas “made in China” a dictadores y granujillas por su identidad con el Régimen.

Regresando al tema que nos ocupa, el retiro de embajadores frente a un Régimen que no entiende ni respeta las normas diplomáticas, es un craso error. En gobiernos democráticos como el de Rómulo o Caldera, el retirarle un embajador era algo inconcebible que prendía las alarmas en la Casa Amarilla. Una cosa es llamar a un embajador a consulta para conocer en profundidad el hecho que amerita tal llamada y otro retirarlo definitivamente como protesta, que es lo que busca y desea el Régimen como trampa para autoaislarse. En casos como el de Marruecos, Israel y EE.UU ha sido imposible la acreditación de un nuevo embajador.

Una de las funciones de las misiones diplomáticas es la presencia y el informar a sus capitales; por ello, además de los embajadores existen los agregados económico, social, militar y político. Es así que en situaciones como la que atraviesa Venezuela, las embajadas más bien deben aumentar su personal como testigos de las violaciones al orden democrático y constitucional, falta de medicinas y seguridad. Recuérdese el triste caso de la hija de un diplomático que fue muerta en una alcabala policial.

El Régimen, al provocar el retiro de los embajadores, busca no tener la presencia de los representantes personales de los otros Jefes de Estado al ser esta una de las cualidades personales de los embajadores. No así los encargados de negocios.

Los gobiernos, en esta hora aciaga de la democracia, no deben caer en la trampa del Régimen de hacer que retiren sus embajadores. Venezuela necesita más bien de la presencia de la comunidad internacional, de los cuerpos diplomáticos, de los organismos internacionales, de los corresponsales extranjeros para que informen a cuatro vientos que en Venezuela (con el uso perverso de unas instituciones al servicio del Régimen) se acabó con la democracia.

 

Relacionados: