Opinión

El decisivo logro de la resistencia

Los 4 meses de “resistencia” en las calles, fueron lo más efectivo que hizo – y hace – la nación, exasperada por las penurias y urgida de cambio. Le falta capitalizar esa victoria, lograda con el doloroso sacrificio de 123 vidas.

Las penurias de la vida diaria contrastan con las declaraciones del generalato, proferidas como para aparentar que no esperan tener que sofocar un estallido social de grandes proporciones. ¿Creen seriamente que los cuatro meses de protestas en la calle son un punto final?

Vladimir Padrino López, al que Washington no ha sancionado quizás para dejar a alguien encargado a la hora de entenderse, sabe perfectamente que su incendiario discurso del 17 de agosto contra el “imperio” era inconsistente, por apoyarlo en hechos falsos. Con sólo colocarse como defensor de los “8 millones de votantes”, a sabiendas que ese número no es cierto, ¿qué perseguía? ¿Estaba avalando una mayoría que no existe? ¿No es que la propia Smartmatic, la que computó los votos, negó públicamente esa cifra? ¿Y no es que la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, afirma tener un voluminoso expediente de confesiones de trabajadores del sector público que afirman haber votado obligados?

En su alocución, Padrino afirma que defenderá el mandato de esos 8 millones de votos, cuando todo el mundo sabe que esa cifra, y por ende ese mandato, no están. Padrino no es ningún Don Quijote, para imaginar monstruos en aspas de molinos a viento. Mucho menos es un rey que se cree vestido cuando camina desnudo. Si el mensaje de Padrino era que la Fuerza Armada defenderá a la mayoría, ¿cuándo reconocerá la que es, en vez de regirse por la que dice?

En cambio, hay cosas que obviamente, no son imaginadas, sino muy reales. Una es que la resistencia seguirá existiendo, porque la gente está consciente que lucha por sus vidas. La otra verdad es la que terminará imponiéndose por encima de todas las demás. La llamo “el general Hambre”. Les cuento.

“Las Clap cuestan lo mismo, pero las cajas llevan cada vez menos cosas, antes eran dos botellitas de aceite, ahora sólo una, antes había dos kilos de harina de maíz, ahora sólo 1 kilo y de marca desconocida”, – me explica un beneficiario. Además, no es que todos los venezolanos reciben esas cajas de comida presumiblemente “subsidiada”, que pagan a un precio igual que antes, por menos cosas que antes. En el mismo barrio algunos reciben la famosa caja y otros no. Además apareció otro problema: por atender emergencias familiares, hay familias que no tienen para pagar la caja Clap. Buscan al “capitalista” que les dará la plata a cambio de revender por pequeñas dosis el contenido al precio del mercado negro.

Hay rubros básicos, que ni con precio dolarizado se consiguen en esos últimos meses. L.B., quien vive con su familia en Catia, me cuenta el pasado miércoles: “Llegó el rumor que en el abastos cercano, mañana traerán harina PAN, que estaba desaparecida desde hace meses. Nos levantamos a la 3 a.m. y a las 3:30 mi esposa e hija estaban en la cola. Las acompañé hasta las 5 y media, por lo peligrosas que son estas horas. A las 6 a.m., regresé yo sólo a casa, me hice un café, les llevé café y la cartera con los reales, porque de noche ellas salieron con las manos peladas, por lo peligroso.” En la tarde, al ver a L.B. en el trabajo, pregunté si consiguieron la harina. “No, señora. Estuvieron ellas en la cola hasta las 2 de la tarde y entonces dijeron que el camión no vendrá. Mi hija perdió un día de trabajo, que seguramente le van a descontar”. Así que estuvieron en Catia, en la cola durante 12 horas seguidas, para nada. ¿Cuánta desesperación se almacena así día tras día, en Catia, en Petare, en todo el país?

La calidad de vida ya no existe. Quienes tienen cocina de gas para la que compran el gas en bombona y viven en zonas donde se va la luz por horas, aprendieron a cocinar con leña, afuera, añorando la cocina de las tatarabuelas, que funcionaba con carbón.

En mi casa, desde hace un año, el café se toma con papelón. Desde que escasea la harina PAN, compramos masa de maíz pilado. Quienes encontraron en su casa el molino manual que usaba la abuelita antes de que apareciera la precocida harina PAN en el año 1960, tienen ahora un tesoro en sus manos. Me acostumbré a comprar un kilo de masa en el mercadito de los sábados. Las vendedoras son dos, por las edades parecen madre e hija. Pregunté a la hija dónde muelen el maíz? Lo hacemos nosotras, me dijo. ¿Tienen molino eléctrico? No señora, – me contestó, – lo hacemos a mano. Miré aquel rostro luminoso, juvenil, tan fresco! ¿Se merece esta bella joven ese tipo de vida en pleno siglo XXI?

Venezuela retrocedió un siglo en su vida diaria y también en la oficial, porque al igual que con los chácharos de la época de Gómez, Maduro se mantiene con los militares de ahora. Observe que no hablo de la Seguridad Nacional de Pérez Jiménez. El retroceso es más que eso, llega a la Rotunda de Gómez.

Dicho todo lo anterior, vamos a la pregunta principal: ¿Hasta cuándo estaremos así? El golpe asestado por los cuatro meses de resistencia movió a todos los gobiernos, en todas partes del mundo. Allí reside su victoria. Sólo falta el remate.

El periodista conocedor de la política de Washington y de toda América Latina, Oscar Haza, parece prever no una invasión, como muchos temen, sino una intervención de alta cirugía, no invasiva, tipo laser, porque habló de que “habrá criminalización como Noriega”. Está en la revista Zeta de esta semana, y dice más de lo que yo podría decirles en mil palabras. Así que – saludos. Compren Zeta.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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