La paz verdadera es producto de la justicia

Las asambleas de las pastorales sociales que se celebran en la región nos interpelan para superar los retos sociales que vive nuestro continente.

El 15 de agosto de 2017 se cumplieron cien años del nacimiento de Mons. Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, decretado beato y mártir por el Papa Francisco en fecha reciente. Por eso el CELAM y CARITAS de América Latina organizaron la asamblea de la región de las pastorales sociales-Caritas y la conmemoración de los 50 años de la publicación de la encíclica de Pablo VI, “El progreso de los pueblos”. Dicho documento papal junto con el Concilio Vaticano II (1962-1965) marcaron el surgimiento de un vigoroso pensamiento latinoamericano, acompañado de experiencias concretas, dando inicio a lo que cristalizó en Medellín (1968) como el aporte al cambio de paradigma eclesial promovido por el Concilio.

Progreso y desarrollo no se miden solo por indicadores económicos. Si no se toma en cuenta a las personas, sujetos y no solo objetos de la acción social, se genera una distorsión que termina perjudicando a los más débiles, a los pobres y excluidos. La paz verdadera es producto de la justicia, acompañada para los creyentes por la fe y la esperanza, con el sello samaritano y misericordioso para que la tentación del poder y del tener no se enseñoree y destruya al ser humano integral. A medio siglo de distancia la voz profética del Papa Montini resuena con mayor vigor en nuestro continente, el más desigual y violento de todos, aupados por el Papa con sus enseñanzas y gestos, plasmados en “la alegría del Evangelio”, en “la alegría del amor” y en el cuido de la casa común en “Laudato si”.

Caritas, con la presencia de los referentes del subcontinente y del Caribe, y con el acompañamiento de miembros de la Caritas Internationalis, evaluó el trabajo que se viene realizando, mejorando los estándares de gestión, y abriéndonos a las nuevas exigencias de la tecnología y a los nuevos rostros de la pobreza y la exclusión, para mostrar la cara amable de la caridad. Son tantos los testimonios positivos en los que la gente sencilla toca la esperanza que nos anima con pasión a seguir sirviendo a nuestras comunidades y llamando la atención a las autoridades políticas, económicas y sociales para que pongan por delante a la persona humana y no a sus intereses parciales, siempre mezquinos.

Lo anterior quedó arropado por la jornada de agosto, en la celebración de la eucaristía en la catedral salvadoreña, presidida por el enviado papal, el cardenal Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago de Chile, quien en emotiva homilía llamó a Mons. Romero el mártir de la esperanza. La multitud de pueblo, devoto y alegre en medio de tantas limitaciones y pobrezas, que rodeó el altar y la tumba del arzobispo mártir, es señal de la fuerza de la fe para construir un mundo mejor. Seguimos la ruta de los mártires salvadoreños, primero el Hospitalito donde fue asesinado el arzobispo, luego el lugar donde fue masacrado el P. Rutilio Grande y sus dos compañeros, un campesino y un joven, con la sorpresa del recibimiento que nos dieron los jóvenes de la escuela que lleva su nombre. La visita a la UCA, donde fueron asesinados por el ejército el grupo de jesuitas encabezados por el P. Ignacio Ellacuría, es un signo claro de la entrega amorosa y dolorosa por el bien del pueblo y de la locura de quienes quieren el poder pisoteando la vida de seres inocentes. Fue una jornada inolvidable.

 

 

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