Los llamados supremacistas consideran que están por encima de los demás

Los llamados supremacistas consideran que ellos y sus ideas están por encima de los demás y, por lo tanto, el resto debe asumir lo que ellos decidan.

A raíz de los disturbios racistas en Charlottesville, una ciudad progresista del estado norteamericano de Virginia, los llamados “grupos de odio” dejaron de ser huérfanos de atención mediática en Estados Unidos.

Para el Southern Poverty Law Center, una institución dedicada al estudio del extremismo, esos grupos con  creencias y prácticas que atacan o difaman a una clase de personas, siempre existieron, pero aislados de la política. Con el ascenso el pasado 8 de noviembre del radical empresario Donald Trump, extraño a las tradicionales cúpulas políticas, a la presidencia de Estados Unidos, esos grupos tuvieron un “despertar”.

Llama la atención de estos hechos que la definición de los llamados “grupos de odio” encaja en los que en suelo venezolano forman parte del proyecto político iniciado en 1999 y cuyas primera señales tienen que ver con la amenaza de “freír las cabezas” de los adecos.

Como allá en Estados Unidos, en Venezuela esos grupos estaban aislados de la política y cuando aparecieron en los medios, fomentaron grupos radicales contrarios y desde entonces aquí vivimos una guerra de dimes y diretes, descalificaciones e insultos, que no aporta absolutamente nada a la solución de los problemas que afectan a millones de personas.

Ante la creciente crisis institucional, social, política y económica que destruye valores que estaban ya arraigados en el pueblo venezolano, la comunidad internacional, el Vaticano y la representación de otras religiones, claman por un diálogo entre las partes.

A esos “grupos de odio” también les llaman supremacistas porque  creen que ellos y sus ideas están por encima de todos los demás, por lo tanto, el resto debe asumir lo que ellos decidan. Al igual que ocurre con la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente, los supremacistas solo aceptan la sumisión del contrario.

Es allí donde radica el problema para que esos grupos puedan acordar un diálogo positivo con sus adversarios. Por eso en Venezuela se han perdido valiosos meses y muchos recursos tratando de conciliar con los supremacistas en el poder, a quienes poco importa la vida de los demás.

La muerte de cualquiera que se le oponga será siempre atribuida a sus contrarios y si manejan los cuerpos de investigación ordenarán acomodar el escenario del crimen para el correspondiente juicio.

Conversar o conciliar con un supremacista es tan difícil que en la televisión venezolana compartieron una hora en vivo dos hermanos que el proyecto político dominante los separó.

Al final de lo que iba a ser una entrevista periodística, la gente apreció a dos hermanos hablando dos lenguajes diferentes y el representante del grupo supremacista no permitió ninguna apertura para buscar soluciones a los problemas creados por ellos mismos. Son tan prepotentes que aprobaron un proyecto de ley para castigar a otros por el odio que han sembrado desde 1999 entre los venezolanos.

@jajogra

 

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