La decisión de participar en regionales provoca pérdida de credibilidad

La mala decisión de participar en las elecciones regionales provoca pérdida de credibilidad y respaldo en la Unidad Democrática, sostiene la esposa del alcalde Antonio Ledezma.

Cuando la política no se fundamenta en la verdad, no conduce a la liberación, ni permite que se le deposite su confianza cuando se tergiversa el espíritu y propósito de una expresión ciudadana -la del 16 de julio- que no estuvo motivada por la posibilidad de ir a unas elecciones regionales. Al contrario. Se planteó como la ratificación de un mandato, así como para corroborar lo que ya se sabía: que el Régimen era ilegítimo, que nadie creía en su validez y que correspondía a los ciudadanos el derecho a revocarlo.

No se entiende el sentido de lo ocurrido esa fecha, sin vincularlo con lo que tres días después fue presentado al país. El compromiso unitario para la gobernabilidad cuyo primer párrafo decía: “Cuando un país se decide a cambiar no hay fuerza que pueda detenerlo. Por tanto, el cambio político en Venezuela no sólo es indetenible sino inminente. La Unidad Democrática, como representación política organizada de los demócratas venezolanos, ante la certeza de la proximidad de un cambio en la dirección del país, llegó a un compromiso unitario para facilitar la gobernabilidad, la eficiencia y la estabilidad del venidero gobierno de unidad y reconstrucción nacional”. ¿Qué ocurrió  entre el 16 de julio y el presente? ¿Quién decidió un viraje táctico tan radical?

Los ciudadanos están consternados por el cambio del discurso y de la acción. Ahora todo pasa por el tamiz de unas elecciones regionales donde no hay mínimas garantías de transparencia, y sobre las cuales los partidos debieron pagar el alto costo de comprar como buenas unas condiciones inaceptables, entre ellas la legalización írrita de algunos partidos políticos complacientes, habiendo dejado perder la enseña de la Unidad, la tarjeta de la MUD, que abrigaba a la gran mayoría.

El irrespeto al ciudadano no se limita solo a la malversación de sus esfuerzos. Va más allá cuando la insatisfacción y los desacuerdos sobre el curso de la política, y sus impactos sobre la vida de la gente, se reducen al abstencionismo. No hay política que sea buena si se descalifica al que piensa diferente, y quiere anular al que se atreve a deslindarse del pensamiento de la mayoría. No es bueno el liderazgo que sataniza al ciudadano y lo ofende en lugar de argumentar. No edifica el liderazgo que se sustenta en la ofensa y la mentira. La realidad política a veces no cabe en el significado de una frase altisonante.

Los venezolanos valoran la congruencia. No decidimos no acompañar a los partidos en esta decisión que provoca pérdidas del flanco democrático y ganancias al flanco autoritario. Esa mala decisión provoca en la Unidad Democrática  pérdida de credibilidad y respaldo. El Régimen gana tiempo y legitimidad. Nosotros perdemos seriedad y conexión con los ciudadanos. Nosotros nos conformamos con espejismos que serán defraudados por el trapiche represivo, como ocurre con once alcaldes y con más de 600 venezolanos que sufren cárcel y represión. Es inaceptable decir que quienes tenemos razones válidas para disentir coincidimos con el Régimen para inhibir la concurrencia a esas elecciones. Insistir en que la razón de fondo de quienes disentimos es que carecemos de partidos y candidatos, es reducir la política al improperio.

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