Opinión

¿De qué sirve un bloqueo?

Sanciones “de medio pelo” y denuncias de narcotráfico con todos los pelos en la mano, son como un gran vehículo que empujan en la misma dirección Trump y Maduro juntos. Lo malo es que en este carro estamos sentados todos.

Salvo que me equivoque, veo que tanto las sanciones adoptadas por el gobierno de Donald Trump contra Venezuela, como la respuesta de Nicolás Maduro a ellas, no alejan, sino que acercan a Venezuela a una intervención que obviamente todos afirman rechazar, pero que ambas partes, como si se hubieran puesto de acuerdo, trabajan para transformar en un volens nolens – que lo quieran o no -, así decían en el imperio romano para mostrar que hay cosas que ni un imperio puede cambiar.

¿Qué hace Trump? Emite unas medidas que son mucho ruido y poca sustancia. Suena impresionante, como si de ahora en adelante, al gobierno de Nicolás Maduro le hubieran quitado el oxígeno y lo obligan a morir por asfixia. Repito que “suena”, pero no es. Felizmente para Venezuela, esas sanciones no tocan las exportaciones de petróleo a Estados Unidos ni el funcionamiento de Citgo. Tampoco impiden la importación de alimentos por vías legales o caminos verdes, e incluso, disfrazándolas de “medidas humanitarias”, son aceptadas las muy necesarias importaciones para fabricar los pocos medicamentos que todavía se manufacturan en Venezuela. En todos esos aspectos, para el gobierno venezolano casi nada ha cambiado, salvo quizás la adicional dificultad de transferir a casa las ganancias de su sucursal petrolera en EE.UU. ,Citgo, que como es sabido en estos casos, algún método encontrará para hacerlo.

Efectivamente, hablando de Citgo, algo debe haber trascendido horas antes de anunciarse las medidas de Trump, porque el gobierno venezolano se apresuró a colocar menos de un día antes de que sean públicas, al presidente de Citgo, Nelson Martínez, en la presidencia de Petróleos de Venezuela, PDVSA. Se trata sin duda de la persona con el más alto currículo en materia de estudios, preparación tanto técnica como administrativa y financiera, dominio de idiomas y habilidad para vadear los dineros a buen puerto en medio de esas turbulencias. De manera que hasta en eso, Maduro tiene como superar el escollo.

Desde que el mundo es mundo, los bloqueos económicos nunca sirvieron al propósito que dicen perseguir. El de Cuba fue durante décadas la gran fuente de la propaganda castrista, mientras que bajo cuerda, importaban alimentos de Estados Unidos. Les podría contar la historia de bloqueos desde la Edad de Piedra, con trancas de vías de exportación desde minas de silicio para beneficiar la mina de otra región, hasta la Edad Media cuando los cruzados intentaban aislar a las naciones que profesaban el paganismo, terminando con el actual vano intento de la Unión Europea al “castigar” a la Federación Rusa con sanciones económicas. Sin excepción alguna, los bloqueos económicos a lo que sirven, es a producir ganancias millonarias al que las burla.

En el caso específico de las sanciones financieras a Venezuela, su resultado más visible parece ser la inminente entrega de Venezuela a cualquiera que ayude a superar al bloqueo. Puede ser China o Rusia, pero también está el mundo islámico con sus milmillonarios tentáculos bancarios, las redes de paraísos fiscales en las islas del Caribe, e incluso hasta los enormes movimientos de dinero “negro”, que saben dónde y cómo moverse en las tinieblas del universo bancario. Medios y métodos debe haber, pero el precio es siempre el mismo: la entrega del país a manos extranjeras y generalmente, las menos escrupulosas.

Ante ese ya inevitable panorama, dudo que exista en la Casa Blanca un solo consejero que no se percate de que en breve estarán entregando una geográfica y estratégicamente importante pieza del subcontinente, bisagra entre el sur y el norte como lo es Venezuela, a poderes extra-hemisféricos. Lo cual a su vez, obliga a pensar que sí lo saben y quizás a una crisis es que apuntan. ¿Será esa la verdadera misión del vicepresidente norteamericano Mike Pence en su viaje a Sur y Centro América? ¿Y será ésta la razón por la que el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, el general Herbert McMaster, en la conferencia de prensa del viernes, contestó la pregunta de una intervención militar con las palabras: “No se anticipan acciones militares en el futuro cercano”. Lo cual, ante la presión de preguntas de los periodistas terminó siendo que no harán nada sin los demás aliados.

Es cuando con el permiso de los lectores y su previsible reacción, lamento la ausencia de Fidel Castro, quien siempre tuvo gran cuidado de no cruzar la línea roja que hubiese obligado a Estados Unidos a derrocarlo por las buenas y las malas. La evidente línea roja fue el narcotráfico, que Cuba encontró como fuente cómoda de ingresos después de destruir su economía local de caña y tabaco, pero cortó como quien se corta su propia mano, cuando vio que no habrá tolerancia en ese aspecto por parte del gigante del norte. Fidel sacrificó a su más fiel y brillante general, Arnaldo Ochoa. El juicio al que lo sometió por narcotráfico, fue televisado durante un mes casi diariamente en la isla, en una teatral demostración de que el propio Fidel, supuestamente, estaba libre de toda culpa y era quien descubrió y condenaba al culpable.

Cabe comparar ese juicio con el enredo que se confeccionaron a sí mismos los gobernantes y militares venezolanos, el día en que Hugo Chávez ordenó a dos de sus más fieles oficiales, Ramón Rodriguez Chacín y Hugo Carvajal, abrir y proteger el paso de los envíos de las FARC a través de Venezuela. La madeja fue enrollándose hasta convertirse ahora, en uno de los puntos clave, para justificar cualquier medida de las que Fidel Castro más temía y que evitó con el sacrificio de sus mejores hombres.

Son demasiadas cosas las que se juntan actualmente para obligar a pensar que el gobierno de Venezuela ha ido amarrando a lo largo a 17 años un nudo tan apretado, que los demás, por más que ahora intenten aflojarlo, terminarán cortando como Alejandro lo hizo con el gordiano. Ojalá las soluciones aparezcan sin llegar a ello.

Tags
Mostrar más

Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

Artículos relacionados

Close
Close