Régimen quiere inocular la desesperanza y desesperación en venezolanos

La desesperanza y la desesperación son las peores enemigas del cambio en Venezuela. Por eso el Régimen quiere inyectarlas en el ánimo colectivo.

Este Gobierno, malo para lo bueno y bueno para lo malo, no sabe, no puede o no quiere, enfrentar los problemas reales que nos afectan. La crisis económica y social causada por sus decisiones y sus indecisiones, que cada vez afecta más a más personas, no puede ser resuelta por el grupito en el poder, porque reformas de la envergadura requerida exigen credibilidad, y no se da lo que no se tiene. Entonces se dedican total, exclusiva, obsesivamente a mantenerse en el poder. Cueste lo que cueste. A sabiendas de que ese costo no lo pagarán ellos, sino los venezolanos, principalmente los pobres y la clase media.

Se saben minoría. En todas las regiones y en todos los sectores sociales han retrocedido. Ni siquiera el ventajismo y las trampas pudieron impedir que ello quedara formalizado el 6 de diciembre de 2017. Por eso quieren que la poderosa mayoría social que los adversa se debilite y se vuelva inoperante.

Así, buscan sembrar la desesperanza con una combinación venenosa de varios ingredientes, fórmula patentada de los laboratorios de la Stasi y el G2. Se trata de convencernos de que no vale la pena luchar, que son invencibles, que todo lo que se intente es inútil. Así lograrían la desmoralización en la mayoría y, por lo mismo, desmovilización de una parte de ella. A tal efecto amenazar para lograr la intimidación del miedo, así como sembrar la desconfianza en el liderazgo alternativo y dividir la oposición con distintas maniobras y trucos, son partes de la receta.

El tratamiento adormecedor de la desesperanza es aplicado en dosis masivas a la sociedad, porque basta con que una proporción caiga en la trampa para quitar una buena tajada al apoyo al cambio. Esa inhibición tendría la coartada de no parecer rendición sino objeción moral, “yo no me presto para farsas”.

Y selectivamente, en sectores minoritarios de la opinión proclives a lo impulsivo, en vez de desanimarlos se intenta desesperarlos, para que la impaciencia y el voluntarismo los incite a alguna imprudencia fácilmente derrotable por la represión, con escaso apoyo popular interno e impresentable internacionalmente. Con ellos, la tentación que se busca provocar no es la del “pesimista inteligente” que no se deja engañar y no hace nada, sino la del “Rambo” capaz de desatar el nudo de un machetazo violento, preciso, feliz que ponga fin a la pesadilla y de paso se bese con la muchacha.

Alerta. El manejo malandro de las elecciones de gobernadores atiende a esa estrategia perversa. Desesperanza o desesperación. Maniobras inescrupulosas, parcialidad escandalosa del árbitro, manipulaciones, persiguen empujar a la oposición a la abstención y así quedarse solos en el campo. Lo que quieren es que renunciemos a la política, sea porque se queden en casa, los más, o se atrevan a jugar al héroe, los menos.

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