La “opinión publicada” dentro del país está sometida a un férreo control

En Venezuela la censura está desatada desde los ámbitos del poder. Se impone la censura por la calle del medio. Sin disimulos ni cortapisas.

A la hegemonía que impera en Venezuela no le importa nada que la Constitución prohíba expresamente la censura. Esa disposición siempre fue letra moribunda y luego muerta, desde 1999. Con el predecesor había un cierto disimulo, pero los ataques a la libertad de expresión fueron sin piedad, y se logró imponer la llamada “hegemonía comunicacional”, uno de cuyos pilares es la “autocensura” de los propios medios.

El sucesor no anda con disimulos y está cerrando medios a diestra y siniestra, además de sacar de la pantalla a diversos canales de televisión extranjeros, y encima se anuncia desde la Constituyente que se seguirán regulando -es decir, restringiendo- el uso de las redes sociales. Un cuadro de aplastamiento del derecho a la información veraz, oportuna, y sin censura.

Debe repetirse que la libertad de expresión es como una moneda de dos caras. Una, se refiere a la posibilidad de expresar públicamente los pareceres de los ciudadanos, por más críticos que éstos sean. Otra, tiene que ver que ello no suscite ni amenazas ni mucho menos represalias o sanciones por parte de los que controlan el poder estatal. Como vemos, esa moneda está completamente devaluada en Venezuela. De hecho no vale nada, porque la hegemonía hace lo que le da la gana con los derechos constitucionales, comenzando con el que nos ocupa.

Al respecto debe reiterarse hasta el cansancio, que el día que Chávez empezó su primer “gobierno”, en Venezuela no había ningún medio amenazado o perseguido, ni ningún comunicador enjuiciado o exiliado por ejercer libremente su profesión. Todo eso empezó a cambiar, primero poco a poco, y después de manera avasallante.

Sí, la censura está desatada, pero no sólo en contra de los medios que se empeñan en mantener una autonomía de acción -que son los menos, sino también en contra de la información oficial que el Estado debe dar a conocer como parte de su gestión pública. No creo que haya un país del mundo, salvo Corea del Norte y Cuba, donde haya más secretismo y manipulación de la data oficial que en Venezuela. Lo que hay es pura propaganda.

Muchas veces, los venezolanos tenemos acceso a ciertas informaciones porque vienen del exterior. La “opinión publicada” dentro del país está sometida a un férreo control, lo que no quiere decir que no haya medios y comunicadores que luchen sin descanso para ejercer la libertad de expresión. Un mérito heroico, y no hay una pizca de exageración en esa afirmación.

flegana@gmail.com

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