El Nuevo País .

Así como el Gobierno está de acuerdo con la penetración cubana algunos estarán de acuerdo con la invasión gringa

La soberanía no se defiende con desfiles, sino con una diplomacia seria sin micrófonos ni desplantes de niñas malcriadas, advierte el diplomático de carrera Gerson Revanales.

Con la Perestroika y la caída del muro de Berlín se vino abajo todo el andamiaje de la Unión Soviética, del conflicto Este-Oeste, del Pacto de Varsovia y de la Guerra Fría de la cual se benefició Cuba para subsistir lacayamente bajo la bota comunista de Moscú. Mientras tanto, el fenómeno de la globalización tomó fuerzas gracias, fundamentalmente, al desarrollo de las nuevas tecnologías, de las comunicaciones y del Internet; con repercusión directa en las relaciones intergubernamentales, estatales, financieras, comerciales, etc. Todo esto generó nuevas tendencias y conceptualizaciones en las cuales las ciencias políticas y del derecho internacional fueron parte importante.

Estos cambios se evidencian en el reconocimiento universal de los derechos humanos, la aparición de una nueva generación de sujetos del Derecho Internacional como es el ser humano como individuo, al estar facultado como persona para acudir ante organismos internacionales para reclamar sus derechos. En este contexto de cambios, el Ius Gentium de Thomas Hobes, Francisco de Vitoria y Charles Rousseau evolucionaron para adaptarse a la fuerza de los cambios tecnológicos, sociales y políticos, siendo uno de los primeros el concepto de “soberanía” representado inicialmente en la persona del Rey como soberano (Luis XIV – le Etat cest moi); soberanía que posteriormente fue transferida al pueblo con la Revolución Francesa.

Ese mismo concepto tradicional del ejercicio de la soberanía estuvo reconocido en el Derecho del Mar con el alcance de la bala de cañón, el cual desapareció en el tiempo y el espacio principalmente por los desarrollos tecnológicos y las convenciones internacionales. Igualmente, podríamos referimos a los límites de la soberanía en el espacio aéreo, lo cual sería tema para una tesis doctoral. Sin embargo, en esta oportunidad, el punto que nos ocupa es la soberanía no como concepto teórico, sino su ejercicio real al hallarse el Estado en capacidad de actuar a través de sus órganos, sin tutelaje de otros gobiernos.

En el caso venezolano, nuestra soberanía se encuentra en riesgo no por una invasión ni por el Decreto Obama ni por la Orden Ejecutiva de Trump prohibiendo las transacciones financieras y contrataciones de nuevas deudas, lo cual indiscutiblemente fue una decisión soberana. Nuestra soberanía está en riesgo por la injerencia y control de los órganos de seguridad o de las comunicaciones por agentes de otros Estados. Posiblemente, así como el Gobierno está de acuerdo con la penetración cubana hay algunos que estarán de acuerdo con una invasión gringa, por lo cual no hay diferencia entre unos y otros al atentar contra nuestra integridad.

En tiempos de globalización, la soberanía se defiende con una economía sana y unas reservas internacionales fuertes, evitando la especulación de la moneda y resguardando las fronteras. Lo que es un indecente oportunismo es que el Gobierno, como los romanos, a falta de pan monte un circo cívico-militar con la desafortunada declaración de Trump.

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