Con odio no se pueden hacer leyes contra el odio

Con odio no se pueden hacer leyes contra el odio y precio justo es aquel que da ganancias hasta al consumidor final.

Venezuela sigue sumergida en una guerra verbal que a veces incluye explosivos contra algún diario que no diga lo que para el Régimen es la verdad absoluta, o con plomo contra los que manifiestan su rechazo a un Gobierno que poco le importa los que mueren de hambre, de falta de atención médica o por la violencia creciente en cárceles y calles vecinales.

La guerra verbal incluye ofrecimientos contra el desabastecimiento, disminuir los índices delictivos, o mejorar los abandonados servicios públicos; pero la realidad es que no hay medidas que ataquen las causas de esa situación.

Muchas de esas promesas surgen de la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente y uno entiende que no ataquen las causas reales de todos los males surgidos desde 1999 cuando comenzó toda esta tragedia complicada con la entrega al Gobierno cubano de gran parte de la soberanía nacional.

La moderna psicología enseña que las personas con rigidez mental son esclavas de su propia mente, con baja capacidad de adaptación, creatividad, espontaneidad y positivismo. Esas personas se aferran a viejos patrones que les impiden crecer intelectual y emocionalmente.

Esas personas creen que sólo hay una manera “correcta” de hacer las cosas. Su punto de vista es el correcto y se empeñan en tener razón a toda costa.

En el caso de Venezuela, los que se apoderaron del Estado no han podido superar el envenenamiento del proceso cubano a través de nuestras universidades y siguen creyendo que se puede conseguir el paraíso a través del socialismo y el comunismo, al igual que las religiones lo ofrecen a través de oraciones, sin que cada uno cambie y asuma la honestidad como el camino imprescindible, especialmente cuando se trata de manejar los recursos de un país.

Por eso vemos el comportamiento de grupos disidentes del proyecto político cubano que se está instalando en Venezuela, quienes descalifican las denuncias de la Fiscal General defenestrada por la dictadura porque ella también cometió delitos. Lo peor es que admiten que esas denuncias son ciertas, pero aseguran que no procederán porque vienen de alguien que era parte de la misma banda. Es decir, que esos grupos siguen aferrados a la moral socialista y no se han enterado de que en el mundo moderno el delincuente que aporte pruebas en contra de sus jefes obtiene una disminución de su pena, según la magnitud de lo aportado.

Esos grupos critican también el autoritarismo y el neoliberalismo, pero siguen aferrados a mitos como el socialismo, el comunismo, el capitalismo y otros ismos que deben ser echados a la basura en Venezuela para instalar algo que se ajuste a nuestras necesidades propias para dejar de vivir de las apariencias.

Con esa rigidez mental seguiremos en lo mismo, como los que desde la Constituyente, llenos de odio, hacen una ley contra el odio de los demás o con la misma rigidez mental de los que hicieron la Ley del Precio Justo, ofrecen resolver la crisis económica que sufren millones de venezolanos. Son incapaces de comprender que precio justo es aquel que cubre todos sus costos y aporta alguna ganancia, incluso  al consumidor final.

@jajogra