El costoso fraude a la Constitución ha sido inútil para el Régimen que lo creyó su salvación

Soberanísima y plenipotenciaria en la propaganda oficial, en la sabiduría popular y la opinión internacional, la falsa constituyente es solo una herramienta del poder dictatorial.

El costoso fraude a la Constitución ha sido inútil para el Régimen que lo creyó su salvación. A la hora de los balances, ha sido un mal negocio interno y externo.

Ningún aliado pudieron sumar en el país, ningún sector se sintió convocado y, al contrario, al traspasar ciertos límites que pueden ser invisibles pero no inexistentes, dividió sus propias filas con disidentes de importancia como los generales Rodríguez Torres y Alcalá Cordones, la fiscal Ortega Díaz  y la exdefensora Ramírez, y repotenció disidencias como las de Marea y Nicmer Evans. Creo que en esos campos, el uniformado y el civil, la procesión va por dentro y recibiremos nuevas noticias. Y a medida que avance el tiempo y los problemas aumenten, el descontento popular irremediablemente aumentará.

Afuera, las pérdidas son muy cuantiosas. Asumieron el costo de ser calificados de dictadura para conseguir acceso al financiamiento y les quedó la mala fama pero no la posibilidad del crédito. Si el dicho charro es que Jalisco nunca pierde y cuando pierde arrebata, aquí arrebataron preventivamente, para no perder. Y salieron perdiendo. La mayoría de los gobiernos que más cuentan no reconocen la tal constituyente y eso tiene impacto en los mercados. Porque sus decisiones no valen para legalizar los compromisos. Hay que ser muy arriesgado para meter la plata que te dieron a cuidar en operaciones que no tengan el aval de su reconocimiento por el Estado venezolano, según lo constitucionalmente establecido.

Entre tanto, a los augustos compatriotas que integran el cuerpo y que porque no caben, ocupan el hemiciclo, el palco de la prensa y el de invitados y la barra del viejo Senado, que no son parte del cogollo ultravispado del enchufadismo, los tratan como extras de una producción, lo que llaman figurantes, que dirá el Diccionario de la Lengua: “Persona que aparece en una representación teatral, película o serie de televisión con presencia singularizada, pero sin frase ni acción dramática precisa”. También se les denomina comparsa.

Alojados en una de las torres de Misión Vivienda en Fuerte Tiuna, a donde les llevan su alimento, son trasladados en buses custodiados hasta el Palacio Federal Legislativo o donde se disponga que deban presentarse. Y de allí, de regreso a la instalación militar. Me cuenta alguno, frustrado y molesto, que no los dejan ni siquiera hacer alguna comprita o pasear por la capital. Y eso no es justo con quienes se están sacrificando tanto por la revolución.

La costosa inutilidad de una movida política de alto riesgo que sirve de nuevo escenario para las obscenas desigualdades en el oficialismo, se vuelven contra el grupito aprovechador. Eso sin contar meritorios aportes personales de camarados y camaradas a su desprestigio.

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