Opinión

La solución para Venezuela está encaminada

Tres constataciones relativas a lo obtenido en los cuatro meses de luctuosas manifestaciones, permiten vaticinar lo que viene ahora para Venezuela, su gobierno y todos los venezolanos.

Primera constatación: terminó el heroico período de cuatro meses en que la gente marchó día tras días a sabiendas que corre peligro de vida y en lo que 124 personas, en su mayoría jóvenes, perdieron la vida. ¿Qué se ganó y qué se perdió en ese particularmente luctuoso período?

Lo irreparable son las vidas de gente joven, valiente, decidida a luchar por una Venezuela libre y próspera. La progresión calculada de esos asesinatos aparece claramente en el informe de la ONU del 31 de agosto 2017: “El análisis del ACNUDH, basado en los tipos de lesiones sufridas por los manifestantes, revela cómo el uso de la fuerza aumentó progresivamente en paralelo con la aplicación del Plan Zamora. La información aportada por el personal médico muestra que en la primera mitad de abril la mayoría de manifestantes lesionados fueron tratados por intoxicación causada por gases lacrimógenos. En la segunda quincena de abril, muchas de las lesiones resultaron del impacto de los cartuchos de las bombas lacrimógenas en las piernas, en el pecho, o en la cabeza de las personas. En mayo, las heridas fueron causadas principalmente por el impacto de perdigones y de objetos convertidos en proyectiles, como metras y tuercas. En junio, el personal médico registró una combinación de heridas causadas por cartuchos de bombas lacrimógenas, perdigones y otras municiones. En julio, comenzaron a tratar heridas de bala.”

El informe de la ONU, es una tajante acusación que traerá consecuencias personales: “El 18 de abril de 2017, el Presidente Maduro anunció públicamente la puesta en práctica del Plan Zamora”. Se agrega un gráfico de la cadena de mando, encabezada por el presidente de la república.

     El sacrificio fue de promisorias vidas jóvenes: “La mayoría de víctimas eran hombres jóvenes, de 27 años en promedio; también murieron 15 niños y 7 mujeres. En general, las víctimas eran estudiantes o personas que acababan de terminar sus estudios”.

Los heridos son otro renglón espeluznante: “Según cálculos de los médicos, entre 10.000 y 12.000 personas podrían haber sido lesionadas en el país en los primeros 100 días de manifestaciones.”

A lo cual hay que agregar los detenidos y torturados, tema que conforma otra lista de delitos de los cuerpos de represión. Otro capítulo más, es titulado: “Allanamientos ilegales y violentos y destrucción de propiedad privada”.

Segunda constatación. Contrariamente a lo que una desanimada opinión pública cree, la limitación en el tiempo de las manifestaciones fue acertada. Terminaron cuando ya estaba claro que el pueblo venezolano obtuvo con los terribles sacrificios de ese vital – y decisivo período -, una respuesta mundial y su acción de calle no debía prolongarse más. El movimiento empezaba a ser contaminado por intrusos aparecidos en busca de “chambas” al disfrazarse de combatientes cuando en realidad eran delincuentes. Noto que no los hubo en el interior de la república, donde en las ciudades los manifestantes se conocen y son del mismo vecindario. La contaminación se asomó en Caracas, cuando los vecinos de Altamira, El Rosal o Los Ruices empezaron a notar rostros nunca antes vistos que pedían dinero o comida, terminando con el robo del teléfono celular. Era el momento preciso para poner punto final a las manifestaciones, antes de que se conviertan en desorden.

Esto no impide que en el futuro no vuelvan a ser necesarias las manifestaciones de calle, pero serán con marchas en apoyo a exigencias nacionales, muy precisas en su formulación. La situación económica/social las hará cada vez más numerosas, por más que los “colectivos” chavistas de cada barrio, intenten sofocarlas.

Tercera constatación. Gracias a los cuatro meses del histórico sacrificio hecho por un amplio segmento de la nación en todo el país, la opinión pública mundial finalmente se percató del problema y los dirigentes de países democráticos se dieron cuenta que también ellos poseen el germen en sus predios de lo que ocurre en Venezuela. Allí cada uno tiene sus razones para darse por enterado, pero todos coinciden en que es necesario cortar en Venezuela el mal que podría ser contagioso.

Por primera vez en Francia y España, con las siembras, regadas y abonadas desde Venezuela, de los “Insumisos” y de Podemos, los respectivos gobiernos de Macron y Rajoy se percataron de que existe para ellos el peligro de una destrucción total del país, similar a la venezolana. Además, como para aclarar en qué radica el peligro, Mélenchon de los Insumisos e Iglesias de Podemos, declararon por turnos que el ejemplo a seguir es la constituyente de Maduro, no importa – al igual que en Venezuela – que no tenga la mayoría electoral, porque les basta con que tenga “pueblo”.

En Holanda, Bélgica y Alemania, se dan cuenta que la alianza forjada por Chávez y Maduro con el radicalismo islámico tampoco debe ser tomada como un chiste. Cada nuevo atentado terrorista en Europa, salpica a todos quienes albergan células islámicas, si bien no son del ISIS.

En América toda, los gobiernos se preocupan por los flujos de refugiados que les llegan de la patria de Bolívar – con lo cual están obligados a recibirlos. Colombia es la primera en declarar que algo se debe hacer.

Pero es Estados Unidos el que posee el más apremiante interés económico, con la necesidad que tiene la Exxon Mobil, alma mater del canciller norteamericano Rex Tillerson, de explotar pacíficamente el petróleo del Esequibo. En eso han puesto a trabajar hasta la mismísima ONU – a ver como soluciona ese reclamo venezolano sobre el territorio donde yace el tesoro. Una condición previa es tener en Venezuela a un gobierno democrático y dicen ellos “reliable” – fiable, responsable. Lo cual sólo es posible con un gobierno en Caracas legalmente electo, unitario y democrático.

Que si los cuatro meses de rebeldía han sido la campana de alarma para el mundo entero – hay que decir: SÍ, lo son. Ahora viene lo demás, que tampoco será fácil, pero la solución ya está encaminada.

 

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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