El Nuevo País .

Hay que abatir la influencia cubana en esta nueva guerra fría tropical

En esta nueva guerra fría tropical que estamos viviendo, hay que debilitar la influencia cubana para que las fuerzas democráticas internas triunfen.

Luego de tres meses de luchas heroicas que osé comparar con la Campaña Admirable, la gente está frustrada y muchos acusan a la MUD de traición por no haber acabado al pranato. Usando la misma analogía, ahora estamos frente a la arremetida de Boves y la huida  hacia oriente de una población aterrada por la llegada de esos bárbaros.

Muchos creyeron que bastaba con la Campaña Admirable y declarar a Bolívar como el Libertador para que la desgracia de la guerra civil acabara. Una ilusión alentada con los discursos cortoplacistas.

Las despiadadas críticas a la MUD y a los políticos son muchas. Yo creo que el meollo es que no hay unidad en el liderazgo. Vuelvo y repito: la MUD, cuando más, llega a ser una junta de condominio – recuerden lo difícil que es ponerse de acuerdo para arreglar un ascensor. Es un eficaz mecanismo de articular intereses electorales aunque ahora, cuando la opción electoral, como medio de acceder al poder, ha sido masacrada por el pranato gobernante, la MUD enfrenta dificultades y divisiones. Pero aclaro que hay que ir a elecciones. Ellas, como las protestas pacíficas, son necesarias pero no suficientes. Estos regímenes totalitarios no salen solo con elecciones y marchas, y no les importan los muertos ni el hambre ni las penurias de la gente. Pero hay que enfrentarlos y resistir en muchos frentes.

Se hace necesario un liderazgo opositor unificado y coherente que sobrepase lo electoral. Lo racional sería sentarse a la mesa y negociar un mecanismo eficaz a los que todos sigan y acaten. Si esto no pasa, como no pasó luego de la Campaña Admirable, las luchas internas seguirán hasta que un líder se imponga o sucumbamos al poder del pranato. Por esto, es objetivo clave del castrochavismo destruir a esa indispensable MUD que tanto se critica, así que seamos prudentes para no ser “tontos útiles” (Lenin dixit).

Tampoco la comunidad internacional tiene una sola voz. Lo vemos en la OEA y en las diferentes posiciones de los EE.UU. en el tiempo y las diferencias entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado sobre si “apaciguar” al pranato o combatirlo de frente,  o en las contradicciones entre los latinoamericanos que quieren acabar con el chavismo y dejar vivo al castrismo. Además de la falta de coordinación entre los grandes actores internacionales como entre Europa, EE.UU. y el Vaticano, factor clave al final de la guerra fría cuando Walesa dirigió la lucha contra el régimen polaco, como nos recordó Jurate Rosales en la última revista “Zeta”, a lo que hay que agregar la debilidad de un imperio soviético a punto de colapsar que permitió aflojara sus garras en Polonia.

En esta nueva guerra fría tropical hay que abatir o debilitar la influencia cubana para permitir que las  fuerzas democráticas internas puedan triunfar. El castrochavismo está organizado (Foro de San Pablo) pero las fuerzas democráticas no. La Declaración de Lima y el viaje de la AN a Europa son el comienzo de esa unidad externa. Unidad y liderazgo, interno y externo son condición “sine qua non” para abatir al pranato castrochavista.

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