El Nuevo País .

Vamos por las regionales, el respaldo es no menos del 80%

Debemos participar en las elecciones, porque la oposición democrática tiene el respaldo de no menos del 80% de los ciudadanos y eso es una aplastante derrota para el oficialismo.

Desde la contundente derrota sufrida en las elecciones parlamentarias de diciembre del 2015, el desprestigiado Gobierno ha evadido sistemática y contumazmente la posibilidad de medirse en nuevos comicios competitivos. Su convicción de que cualquier otra consulta popular se traducirá en una paliza aun mayor, los ha llevado a implementar fraudes y marrullerías con tal de impedir que la voluntad de los ciudadanos se exprese.

Con la complicidad de un poder electoral al servicio de sus triquiñuelas se difirió durante el 2016 la celebración de las elecciones de gobernadores, y más tarde se bloqueó en contubernio con la caricatura de poder judicial que hoy existe en Venezuela, la realización de un referéndum revocatorio presidencial que hubiera determinado la salida de Maduro de Miraflores. Arrinconados en su impopularidad, el Gobierno se sacó de la manga una maniobra política destinada a la convocatoria inconstitucionalmente de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que nació herida de ilegitimidad al obviarse la obligatoria consulta al pueblo y luego consumar el más grotesco fraude electoral que conozca la historia venezolana.

La violencia política, física e institucional, signada por el abuso de poder y la transgresión de las más elementales normas de transparencia, viciaron de nulidad la elección constituyente, cuyo epílogo tramposo fue puesto al descubierto por observadores nacionales e internacionales y por la propia empresa responsable del conteo de los sufragios, que denunció la forma impúdica y descarada como se inflaron y adulteraron los votos emitidos en la elección de la ANC.

Puestos en la picota y sometidos al escrutinio, el repudio y las sanciones de la comunidad  internacional convencida del grotesco fraude cometido, el Gobierno creyó poder lavarse la cara parcialmente haciendo un llamado a las elecciones de mandatarios regionales, y hasta adelantándolas para octubre. Esta nueva marramuncia partía de la creencia en que los partidos democráticos y las organizaciones civiles que habían protagonizado más de cuatro meses de lucha cívica de calle, repudiarían esa convocatoria y se negarían a postular candidatos a las gobernaciones, o que en todo caso la división y el desánimo de sus electores podrían facilitarles una inmerecida victoria.

Todas las cuentas del Gobierno estuvieron mal fundamentadas, pues tras polémicas y dudas la organizaciones políticas agrupadas en la MUD y el electorado opositor enfrentaron con coraje el nuevo reto ubicándolo en el contexto y la continuidad de la lucha democrática que no se debe evadir, ni dejar espacios vacíos, ni negarse a participar en cualquier evento electoral por adversas que sean las circunstancias.

Aun es de esperar que del arsenal inagotable de trapacerías y abusos del Gobierno puedan brincar nuevas maniobras y ventajismos que condicionen la elección. Pero hagan lo que hagan nadie podrá salvarlos de una inmensa paliza electoral el día que el pueblo, cansado de tanta hambre, inmoralidad e injusticia,  tenga la oportunidad de ejercer su voto.

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