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Unir sin rencor a todos los sectores es la tarea de los candidatos unitarios

Unir a quienes lo apoyaron con quienes no lo hicieron, unir al pueblo descontento que quiere cambio, unir a todos los sectores sociales, esa es la tarea de los candidatos unitarios.

Las elecciones son el quince de octubre. Ni un día más, ni un día menos, parafraseando a Rómulo Betancourt. Ese día se ganan o se pierden. No hay estado en el que pueda decirse que están perdidas, pero tampoco hay estado en el que deba decirse que ya están ganadas. Que nadie sienta que al ser candidato ya es gobernador. Que ningún campeón del 10 de septiembre se tenga que conformar con el subcampeonato el 15 de octubre.

Los candidatos y candidatas de la Mesa de la Unidad Democrática a las gobernaciones de estado, deben convertirse en los campeones de la unidad del pueblo de sus regiones y, en conjunto, del pueblo venezolano. Unir, como dirían Neguito y Gran Coquivacoa, sin rencor. Con la vista puesta en el futuro, hacia adelante, con el compromiso grande que tenemos ante el país entero que reconoce en nosotros su alternativa para cambiar las cosas.

Unidad que parte de las de todos los partidos democráticos y no se conforma y va más allá, para unir al empresario y el trabajador, al productor, el vendedor y el consumidor, al médico y al enfermo, al profesor y al estudiante. Unir al opositor con el descontento, y el chavista disidente, y con ese de corazón rojo rojito que tanto desea una oportunidad de gritarle la inconformidad que tiene ahogada en el pecho al grupito que en nombre del chavismo hace lo que le da la gana con el poder y la riqueza de nuestra Venezuela y el voto secreto le da esa oportunidad. Unir a todos los millones de damnificados de las políticas fracasadas de este gobierno que empeñado tercamente en imponernos un régimen y un modelo económico y político, ha terminado llevándonos a un ruinoso desastre.

La Unidad requiere grandeza, generosidad, responsabilidad, amplitud. En todos. En los que ganaron y los que no. Pero sobre todo en quienes recibieron el encargo de representarnos en esta contienda que se desarrolla en las regiones pero tiene significado nacional. Porque sin un cambio político que reivindique la vigencia de la Constitución, no habrá Estado Federal y Descentralizado. No hay mejor manera de defender las regiones y sus intereses que un cambio que deje atrás el enfermizo centralismo y la obsesión estatista que sólo piensan en concentrar poder, acumularlo, acapararlo, para después bachaquear con su autoridad.

Confío en que la plural dirigencia nacional unitaria sepa conducirnos a un gran triunfo. Para eso hará falta, en tan breve tiempo, una campaña muy eficaz. Y ante todo, cicatrizar heridas, evitar con madurez y sabiduría política males mayores, y resolver el cabo suelto de algún error cometido. Porque nadie debe sentirse menospreciado, subestimado o ignorado por arreglos capitalinos. Los verdaderos compañeros siempre comprenderán que ninguna aspiración personal está por encima de Venezuela.

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