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Sanciones de Canadá: ¿Maduro sin salvoconducto o se abre otra salida?

Créditos de la Imagen: archivo ENPaís

Un giro inesperado golpeó al régimen de Nicolás Maduro esta semana. El Gobierno de Canadá anunció sanciones para 40 funcionarios venezolanos, entre los que se incluye al mandatario nacional, su vicepresidente Tareck El Aissami y su ministro de Defensa, Vladimir Padrino López.

La medida emprendida por la administración de Justin Trudeau, dejó atónitos a propios y ajenos. Más a propios, quienes se mantenían esperanzados en un posible salvoconducto de este país, el que le abriría -hace tan solo meses- las puertas para refugiarse.

Fue en junio 2017, cuando el régimen madurista atravesaba el momento más álgido de su gestión, que el ministro de Relaciones Exteriores de Perú, Ricardo Luna Mendoza, propuso a Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, como uno de los seis posibles mediadores en el conflicto venezolano. La seguidilla de declaraciones en torno al tema de varios representantes regionales daban cuenta de un operativo continental para asegurarle un salvoconducto al régimen de Nicolás Maduro, condición sine qua non para que abandonen el poder en el cual se encuentran atrincherados por las acusaciones de violaciones a los Derechos Humanos, narcotráfico, nexos con el terrorismo islámico, lavado de dinero, entre otros.

El Nuevo País y Zeta pudieron conocer que la propuesta del canciller Luna ni era fortuita ni era una idea al aire. Era una operación que contaba con el total respaldo de Trudeau, quien se había comprometido personalmente a aportar de lleno para desatascar la crisis venezolana. La comunicación Ottawa-Lima-Buenos Aires no cesó y contaba tanto con el respaldo de Washington como del Vaticano. Además, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, también apoyaría el esfuerzo siempre y cuando fuesen mediadores aprobados por ambas partes.

Trudeau contaría con el apoyo tanto de la oposición -ya había recibido a una comitiva de Voluntad Popular en su despacho- como el del régimen, ya que el canadiense siempre mantuvo lazos con Cuba a través de sus padres, siempre resaltando su posición de campeón de las libertades y los Derechos Humanos.

La idea nació en el sur

En abril, la senadora uruguaya, Verónica Alonso lo advertía: “Es necesario negociar la salida de Nicolás Maduro con un salvoconducto. Para ello, el expresidente Mujica puede ayudar”.

Estas palabras de Alonso, fueron confirmadas más tarde cuando el director de El Nuevo País y Zeta, Rafael Poleo, revelaba a principios de mayo la negociación que se asomaba con el presidente argentino, Mauricio Macri a la cabeza.

“La aceleración de la crisis se ha vuelto contra el régimen. La reacción internacional fue estrepitosa y de los centros de poder mundial surgieron las voces que exigen acciones más concretas para lograr un cambio político en Venezuela. Lo que en esos términos concretos parece más sólido es la arriba expuesta gestión de Argentina en Unasur, adminiculada con los pasos que, dentro del ordenamiento legal venezolano, puedan dar la Asamblea Nacional y la Fiscalía General de la República. Es significativo que la primera mención de un salvoconducto que permita a Maduro salvar el pellejo cuando entregue el poder, la hizo una senadora uruguaya ideológicamente afín a lo que Macri representa al otro lado del río de La Plata. Ya este cronista ha señalado que la desesperación de una cúpula acusada de narcotráfico y narcolavado, para la cual salir del poder significa entrar en la cárcel, es la piedra de tranca en el juego político venezolano. Macri no aflojará en este esfuerzo donde tiene mucho que ganar, hasta el convertirse para América en lo que Betancourt fue en los años sesenta.

El presidente argentino está bailando pegao con Trump como Betancourt lo hizo con Kennedy, y una acción eficaz en el Caso Venezuela allanaría el camino a sus gestiones para un esfuerzo internacional que reordene y relance la economía argentina. En su discurso del miércoles, Rex Tillerson, el Tiranosaurus Rex de la fauna política global, hombre el más poderoso del planeta, informó el miércoles, hablando de Venezuela, que Estados Unidos entrará de lleno en América Latina, para lo cual está planificando su política latinoamericana como una totalidad. Son hechos y datos claramente relacionados que se mueven hacia el mismo objetivo: un diseño en el cual no hay lugar para un régimen como el actual venezolano”.

En el péndulo de Poleo, publicado en Zeta, se hacía mención a la fuerte gestión de Argentina en Unasur y la relación con sus principales miembros, aliados del chavismo aunque no del madurismo.

Esta información, también había sido manejada en una publicación de Infobae, en la que se detallaba más a fondo las intenciones de Macri con los países de América Latina con los que se podían tender puentes para lograr la restitución del orden democrático en Venezuela.

Según advirtieron a Infobae fuentes calificadas del gobierno de Mauricio Macri, la intención de la Argentina era acercar posiciones con Bolivia, Ecuador e incluso Cuba, que son los aliados estratégicos de siempre de Venezuela, para intentar convencer a Maduro en virtud de restablecer el orden constitucional.

“Hay que tratar de agotar todas las vías posibles y los aliados de Venezuela pueden ser una salvoconducto posible para tratar de alertar al presidente Maduro de poner fin a la gravedad de la crisis de su país”, dijo un funcionario que trabaja en el plan de acercamientos de diálogo con el régimen venezolano.

Bajo el mandato de Macri, están abocados a esta tarea de establecer un puente con los aliados de Maduro desde la canciller Susana Malcorra hasta varios embajadores y funcionarios de la Casa Rosada. En todos los casos, la Argentina actuaba como presidente pro témpore del Mercosur y presidente actual de la Unasur. Estas jerarquías le dieron un margen de maniobra mayor al gobierno para alcanzar una negociación con Venezuela.

Con ello, quedaba claro que la negociación estaba diseñada y, además, era apoyada por vecinos del país que hasta hace poco se negaban a la posibilidad de que la “revolución bolivariana” se acabara.

Unasur, ya estaba fijado como mecanismo clave en el proceso. Luna, el canciller peruano, aseguró el 12 de junio que no había que obsesionarse con que la solución se encontrara en la OEA. La solución vía el bloque sureño era, incluso, apoyada por líderes mundiales, que a pesar de su poca cercanía con América Latina, se habían mostrado preocupados por la crisis en Venezuela.

La canciller alemana, Angela Merkel, – líder de una Unión Europea que ya no camina junto a Estados Unidos- así se lo hizo saber a Macri, en una reunión a principios de junio, en la que se dio un primer llamado a la región a no dejar de hacer esfuerzos para alcanzar una “solución pacífica” a la crisis venezolana.

No todo quedó allí. Merkel insistió días después, desde Ciudad de México, en medio de una gira por América Latina, que “la situación en Venezuela es realmente muy difícil y la solución no es fácil; estamos todos muy preocupados”.

En ese sentido, la canciller europea dejó ver qué se habían estado estableciendo estrategias para alcanzar el objetivo de mejorar la situación en el país sudamericano, teniendo en cuenta la importancia de la intervención de los países de la región para lograrlo.

Retomando una salida

Ahora se presenta este nuevo escenario, en el que Maduro y 39 de sus funcionarios, tendrán que lidiar con otra tanda de sanciones por violación de Derechos Humanos y otras acusaciones como antidemócratas, de un país que no es EEUU.

Los motivos que llevaron a Canadá a dar un vuelco en la importante misión que llevaban a cabo por la democratización de Venezuela, resultan desconocidos hasta ahora. Lo que si es tangible, es que estas sanciones contra el régimen venezolano se presentan como una escalada en la presión internacional por una salida a la crisis en Venezuela.

Aun cuando Canadá ha dejado de ser la opción para el refugio del madurismo, otros países de la región siguen apostándole a un salvoconducto, ya sea con ellos como destino. Por lo que, la medida aplicada por Canadá podría ser solo parte de una nueva estrategia con parámetros similares.

El régimen tambaleante de Nicolás Maduro se muestra cada vez más débil, teniendo como alternativa una salida negociada. Los acercamientos con la oposición venezolana -la misma al tanto de este salvoconducto-, son un hecho y el mecanismo pudiese ser retomado.

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