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Opción del nuevo diálogo debe ser respaldada por todos los ciudadanos

Hay que desmitificar el escenario del nuevo diálogo al cual se llega por las grandes presiones que, desde la comunidad internacional, se ejercen sobre el Régimen.

La posibilidad de construir a través del diálogo y la negociación unos acuerdos que faciliten una transición pacífica, electoral y democrática a la cada vez más grave crisis que vivimos aparece como una opción que debe ser respaldada por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Por supuesto, la naturaleza del Gobierno y su falta de palabra para cumplir y  respetar los compromisos alcanzados en el pasado reciente hace que mucha gente dude de la factibilidad de la iniciativa que se relanza en República Dominicana con amplio respaldo y facilitación internacional.

Lo primero que exige la sociedad democrática y la opinión pública nacional es la transparencia y la información oportuna del curso de las conversaciones. El lenguaje contradictorio y vacilante con el que los voceros de los partidos políticos que participan de esta iniciativa suelen transmitir sus opiniones, solo sirve para que la gente se fomente la idea de que este nuevo escenario es pecaminoso; que se negocian aspectos a espaldas de la gente o que es una nueva tramoya entre Gobierno u oposición que concluirá con una nueva frustración o se harán concesiones indebidas.

Es necesario defender y desmitificar el escenario de este nuevo diálogo al que se llega gracias a las inmensas presiones que, desde la comunidad internacional, se ejercen sobre el Régimen, cada vez más desprovisto y desasistido de aliados y cada vez más desacreditado en el escenario mundial. El hecho de que los contactos en República Dominicana estén auspiciados por el presidente Quisqueyano, que se haya acordado acompañamiento internacional y que cuenten con el beneplácito de la ONU y distintos centros de poder, le confiere una nueva dimensión de seriedad, donde al Régimen no le será fácil volver a incumplir o burlarse de los interlocutores.

Es evidente que la fase previa de estos diálogos (que pueden transformarse en negociaciones y acuerdos) debe definir temario, metodologías, acompañamientos y verificación para que no se diluyan en interminables intercambios, ni ser usados como mecanismos de distracción o ganancia de tiempo. Las partes deben dar demostraciones de confianza y disposición sincera a los acuerdos con gestos y soluciones parciales que permitan que el país perciba con claridad que se partean soluciones.

A pesar de que se ha demostrado que la diplomacia de micrófonos y los torneos discursivos del pasado no sirven para nada, la reserva y la discreción de las conversaciones deben combinarse con los anuncios de los avances y logros en aspectos y temas concretos para alentar el encaminamiento hacia la construcción de un cronograma electoral, la libertad de los presos políticos, el concierto de una agenda económica no solo para el alivio coyuntural de las penurias de la población sino para la reconstrucción y reactivación de nuestra destruida economía, el respeto por los poderes constituidos y la generación de un clima de paz, respeto y tolerancia.

Transparencia, asertividad, confianza, información oportuna y verificación del cumplimiento de los acuerdos son los pasos que deben guiar esta nueva iniciativa de diálogo y eventuales acuerdos, que son una nueva oportunidad para construir la transición que reclama Venezuela.