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Qué espera a los venezolanos

La mayor oscuridad es antes del amanecer, dicen. Sólo falta saber, cuál rayo de sol alumbrará primero, que si el improbable convenio entre gobierno y oposición, el juicio que prepara la OEA, un ultimátum internacional, o el Comando Sur.

Al precio de 124 manifestantes asesinados, miles de detenidos, centenares de presos políticos, encerrados y torturados, el mundo se percató que algo pasa en Venezuela. ¿Cuándo alguien en Venezuela hubiese imaginado que en el máximo foro anual de la ONU, uno tras otro los más poderosos mandatarios, dedicasen en sus discursos un espacio nunca antes visto, a Venezuela? ¿Cuándo sobre el drama de Venezuela hablaron tanto, públicamente, en foros y reuniones, los mandatarios de EE.UU., Canadá, Chile, Guatemala, México, Panamá, Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Paraguay, Perú, Honduras. Francia, España, Alemania e Inglaterra?

Todos ellos en este momento, buscan la solución para Venezuela. Es cuando en Venezuela misma, la encuestadora Varianzas, dice que en este mes de septiembre, solamente un 20,3% de los venezolanos manifiesta su confianza hacia la Mesa de Unidad Democrática y el 70,7% dice sentir desconfianza en torno a ella. Justo cuando en el mundo entero, los mandatarios al unísono apuestan a que la solución debe pasar por esa Mesa. ¿Incongruente, no?

La propaganda gubernamental sabe que el mundo apuesta a la MUD e intenta por todos los medios desprestigiarla. Los activistas chavistas apuntan a doble: se trata de desanimar la votación por los gobernadores y desvirtuar la representación de la oposición en las conversaciones de Santo Domingo, donde ya se presentó la presidenta de la ilegal constituyente. ¿Representa ella a la constituyente que nadie reconoce como un organismo legal y válido? De ser así, aquel “diálogo” se anula automáticamente. Otro tema también, será ver quién representa a la oposición.

Allí los únicos que tienen autoridad para representar a la oposición, son Julio Borges y Luis Florido, el primero por presidir la Asamblea Nacional y el segundo por ser presidente de la Comisión Permanente de Política Exterior, además de que ambos deberían contar con un mandato de la MUD. ¿Lo hay?

Si se llega a conversar (que lo dudo), Borges debe representar a los 14 millones de votos que eligieron a la Asamblea Nacional y los 7,5 millones de sufragios depositados en la consulta popular del 16 de julio 2017, cuyo mandato fue claro: 1. Rechazo y desconocimiento de una Constituyente; 2. Obediencia por todos (FAN incluida) a la Constitución de 1999; 3. Renovación de Poderes Públicos según previsto en la Constitución con elecciones libres y transparentes. Dado que estas preguntas fueron respondidas abrumadoramente por 7,5 millones de votantes y dos semanas después, la elecciones de una Constituyente no pudo superar ese número según declaración pública de quien hizo la cuenta de los resultados, que fue la empresa Smartmatic, esos tres puntos ya son innegociables. Borges sabe perfectamente, que si cede en cualquiera de ellos, se suicida políticamente como líder y afecta severamente al partido que fundó y dirige.

Aquel intento de Santo Domingo, o no tendrá representantes válidos, o si los tiene en la persona de Borges como presidente de la AN y éste cede en cualquiera de los puntos votados por la mayoría el 16 de julio, su actuación estará fuera de los mandamientos expresados con votos. Tal como ya adelantó, cualquier decisión de esa “aproximación”, deberá ser sometida a referendo nacional. Lo que obliga a concluir, que nada de eso promete solución alguna ni a corto, ni a largo plazo.

No imagino que los presidentes de casi toda América, los de países europeos como Gran Bretaña, España, Francia y Alemania hablando de una sola voz en relación a Venezuela, Secretarios Generales de la ONU y de la OEA, el presidente del parlamento Europeo y un largo etcétera de mandatarios y organismos multilaterales, estén todos tan ignorantes como para creer que esas conversaciones pueden dar frutos tangibles y que el pueblo venezolano los aprobará. Más bien creo que la gesta de los cuatro meses de salida a la calle en Venezuela entre abril y julio, necesitarán entonces de más salidas para reconfirmar la validez del sangriento mensaje dado al mundo en esos meses. Además de que las próximas salidas serán reforzadas por el calvario de la megainflación y ausencia de billetes de bolívares, falta de comida, medicinas, gas, electricidad, agua, ahora también de gasolina y transporte, etc. etc. etc. ¿Cuánto más puede aguantar un país?

La otra vertiente de los esfuerzos para solucionar el caso Venezuela, sigue su curso en la OEA, donde se está armando un expediente contra las violaciones de Derechos Humanos y el acusado ya es Maduro. Espero que los de la OEA, o el grupo de Lima, o Trump a secas, tras el previsible fracaso de Santo Domingo, tengan listo algo más sustancial y menos estirado en el tiempo, que, hambre y sufrimientos mediante, apremia.

 

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