El Nuevo País .

Evo Morales y su gente sin escrúpulos para seguir en el poder

Para mantenerse en el poder, Evo Morales y su gente recorrerán el camino que sea necesario, revelando (si fuere oportuno) verdades delicadas sobre la vida de sus exfuncionarios.

Por Danilo Arbilla

Evo Morales de vez en cuando nos sorprende con sus juicios y ocurrencias. Recordemos sus opiniones sobre los efectos de la coca cola o el pollo sobre la virilidad y la caída del cabello. Ahora que se apronta para un cuarto período acaba de afirmar que “para él, la llamada independencia de poderes es una doctrina norteamericana que está al servicio del imperio“, dicho esto a despecho de los derechos de autor del Barón de Montesquieu e implicando a éste, a la vez, en algún tipo de esos complots que cada tanto destapa el chavismo bolivariano.

La idea de “independencia” de Evo va por otro lado y, en función de ella, busca el atajo para ser candidato a la presidencia en el 2019, no obstante estar prohibido por el artículo 168 de la Constitución -hecha por él y sus colaboradores- y la decisión del pueblo que rechazó en plebiscito modificar las normas para una nueva reelección.

Evo explica su aspiración continuista diciendo que es una decisión de su partido que quiere que siga: “La vida de Evo ya no es de Evo, sino que es del pueblo y haré lo que diga el pueblo”, expresa humildemente.

Su tesis, empero, no parece muy válida por cuanto el pueblo ya le dijo que “No” expresamente. Sin embargo, él y su gente insisten y afirman que hay cuatro caminos por los que se puede conseguir su continuidad: la iniciativa ciudadana -sobre la que ya tiene mala experiencia- por decisión de la Asamblea General; renunciando (¿?) poco antes de finalizar su actual mandato o  recurriendo al Tribunal Constitucional Plurinacional de Bolivia para que “interprete” el  alcance de los derechos políticos previstos en la Carta Magna.

Apuesto por esta última vía, tomando en cuenta lo bien que interpreta el tribunal los deseos de Evo y lo mal que le va a sus magistrados cuando se salen de línea. Es el caso del exmagistrado Gualberto Cusi, el más votado en las elecciones judiciales del 2011 y quién adquirió notoriedad por como llegaba a sus dictámenes: dejaba caer hojas de coca sobre una manta y según como quedaran fallaba en un sentido u en otro. Cusi tuvo el respaldo total de Evo quien advirtió, como ahora con la independencia de poderes, que él no reniega de la justicia autóctona. Fue más lejos. Sostuvo que habría que “exportarla” e indicó que no veía por qué siempre hay que estar solo sometido a códigos romanos, franceses o norteamericanos.

Pero pese a este apoyo, al juez Cusi no le fue bien. Se ve que  las hojas de coca le cantaron mal: sostuvo en el Tribunal Constitucional la tesis de que la reelección presidencial era inconstitucional. Le intervinieron sus teléfonos, lo suspendieron y desde el gobierno revelaron que era portador de VIH.

Esto fue letal para Cusi, quien planteó su caso en la Comisión de Derechos Humanos de la OEA. Según dijo “ahí se me acabó el mundo”. “A las semanas que revelaron mi enfermedad -contó- vi que estaba muerto en vida”. “Estaba muerto para la opinión publica… me dieron la muerte civil”. “No pudieron demostrar que cometimos delitos, entonces divulgaron mi situación en una sociedad con muchos complejos, hubo censura y rechazo”, relató Cusi. Como vemos, Evo y su gente recorrerán el camino que sea para seguir en el poder.

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