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¿Estamos igual, mejor o peor? Sostengo que lo último

¿Estamos igual, mejor o peor? La abrumadora mayoría de los habitantes de Venezuela conoce la respuesta, y la padece…

Una pregunta que me parece pertinente no es tanto si el conjunto de los venezolanos estamos igual, mejor o peor, después de casi 19 años de hegemonía roja. La respuesta a esa pregunta general es obvia. La catástrofe humanitaria y la ruina económica que padece Venezuela en medio de una bonanza petrolera, es una evidencia suficiente para contestar de manera justa y apropiada a esa interrogante.

La pregunta que quisiera hacer es otra. Es que si estamos igual, mejor o peor que cuando la hegemonía fue clamorosamente derrotada en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015. Pronto se cumplirán dos años de ese acontecimiento, tiempo no muy largo, pero tampoco muy breve, como para que no quepa la referida pregunta.

La hegemonía que representan Maduro y los suyos, ¿es menos o más despótica? ¿Es menos o más depredadora? ¿Es menos o más corrupta? ¿Está menos o más envilecida? Si usted, amigo lector, considera que la situación es más o menos la misma, quiere decir que piensa que estamos básicamente igual.

Si considera que los menos son más claros y realistas que los más, entonces aprecia que estamos mejor. Pero si considera que los más son más notorios que los menos, entonces es que estamos peor. Personalmente sostengo que estamos peor, incluso mucho peor que en diciembre de 2015.

Si usted piensa de manera similar, y quizá mucha gente sostenga lo mismo, se hace necesaria otra pregunta, digamos que obligatoria: ¿por qué? ¿Por qué estamos peor si la hegemonía fue claramente derrotada en las urnas electorales de hace casi dos años, y acaso con un margen superior al reconocido por el CNE? La repuesta o respuestas no son retóricas. Al contrario, deben ir a la medula de la tragedia venezolana.

Y esa medula es la naturaleza del régimen que impera. Una neodictadura o dictadura disfrazada de democracia, cuya comparsa no sólo la escenifican los jerarcas del oficialismo, sino una parte importante y visible de quienes se les oponen. No es “jugando” exclusivamente el juego de la seudodemocracia como vamos a superar a la hegemonía. Porque si así fuera, ya estaríamos en camino de superarla, y más bien el poder establecido se sigue reforzando, a pesar de que las “condiciones objetivas” del país, en lo económico-social, son ruinosas y catastróficas.

¿Estamos igual, mejor o peor? Sostengo que lo último, y lucho para que podamos afirmar, con veracidad, que estamos mejorando. Ojalá y ello empiece a ocurrir.

flegana@gmail.com

 

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