El Nuevo País .

No pasarán por encima de la voluntad popular

Qué equivocados están quienes pretenden cambiar el día de la raza por el de la resistencia. Ni la india ni la negra se resistieron a enchinchorrarse con el español.

Esta semana se inició y terminó con tres eventos de gran trascendencia, independientes el uno del otro, posiblemente sin conexión ni vínculos entre ellos. Sin embargo, dos de estos tienen un denominador común: “la trampa electoral” para fundamentar su legitimidad.

En nuestro país será la jornada electoral convocada por un CSE parcializado, politizado y comprometido con un gobierno que perdió su legitimidad de ejercicio al violentar los fundamentos y componentes de la democracia; pero que a pesar de las trampas, de la desinformación y del cambio de mesas a última hora para crear caos y desinformación, no serán suficientes para impedir la voluntad de cambio. “No pasarán por encima de la voluntad popular”, gritaba desde las trincheras Isabel de Uribarri, la Pasionaria, durante la Guerra Civil Española.

El segundo evento es la consulta inconstitucional realizada entre gallos y medianoche por el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont para independizar a Cataluña. Esta consulta representa un acto de “lesa patria” contra España, porque no son los 900.000 catalanes que en una consulta amañada y organizada por unos pocos independistas con maestría en el instituto de Altos Estudios de Fraudes Electorales del CSE, sin reconocimiento ni legitimidad, desafiaron la Constitución y a los 47 millones de españoles.

Cataluña dentro de España vale todo, fuera de ella nada, comenzando porque los catalanes tendrían que pedir visa para ir a Madrid y París. Los productos catalanes sin España perderían toda la competitividad que hoy tienen. El 60 % de su producción es consumida por los españoles, mientras que el resto, un 40 %, va al mercado europeo, por lo que perderían todas las facilidades que les brinda el mercado único que representa la Unión Europea.

Al referirnos a España no puedo terminar esta columna sin hacer mención a la celebración del 12 de octubre, el día de la raza, del encuentro de dos mundos. Aunque el navegante genovés murió sin saber a dónde había llegado, dio paso a un gran imperio en el cual nunca se ponía el Sol, como describió Fray Francisco de Ugalde, en el imperio de Carlos V. Todavía recuerdo con indignación las imágenes por TV cuando unas turbas chavistas el 12 de octubre del 2001 tumbaron salvajemente la estatua de Cristóbal Colon en una de las plazas tradicionales de aquella Caracas donde crecieron varias generaciones patinando en las navidades en los Caobos.

España, a diferencia de otros imperios, con la espada y la cruz dejó una cultura, una lengua, una religión y una raza única. El latino con sabor tropical.

Gracias a esa mezcla de sudores, genes y cromosomas se forjó ese crisol de razas, único en el mundo. Por esos motivos, desde este Balcón, pido perdón por esos bárbaros que al no saber de historia destruyeron la estatua de Colón. Sin embargo, de este lado, sí podemos cantar el pasodoble: viva España, viva la madre patria que nos dio este gentilicio de pueblo iberoamericano.

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