El Nuevo País .

La Unidad Democrática debe sincerarse consigo misma y reestructurarse de acuerdo al clamor popular

La Unidad Democrática debe sincerarse consigo misma y con los venezolanos para asimilar los resultados del 15-O y reestructurarse de acuerdo al clamor popular.

Los resultados electorales del pasado 15 de octubre (15-O) colocan a la dirección de las fuerzas democráticas en la necesidad de rediseñar con urgencia una visión estratégica coherente que revierta el desconcierto de esa mayoría de venezolanos que se oponen a la continuidad del desastroso régimen madurista, y que se sienten burlados por lo ocurrido en los comicios regionales.

El primer pilar de esa coherencia política tiene que ser reafirmar el carácter cívico, democrático y electoral  de la lucha contra el régimen despótico, militarista, represivo y tramposo  que nos desgobierna. La peor consecuencia de lo ocurrido el 15-O sería retroceder a los errores del 2005 cuando se optó por la abstención y se abandonaron los espacios de poder en disputa facilitando al régimen el control absoluto de las instituciones y su consolidación. Repetir esa experiencia solo serviría para ratificar la afirmación de que el “hombre es el único animal que choca dos veces con la misma piedra”.

No se trata de asumir posiciones bobaliconas de inocente electoralismo, ni de competir en las condiciones que la comandita salteadora del gobierno y el CNE pretendan imponer. Al contrario, la denuncia de ventajismo y abusos del sistema electoral tienen que formar parte de una conducta cotidiana en Venezuela y de cara a una comunidad internacional cada vez más convencida del carácter tramposo de la cúpula gobernante. Hay que entender que los procesos y eventos electorales no solo se remiten al acto electoral y a la emisión del voto, sino que pueden ser usados como instrumentos de organización, motivación, movilización, denuncia  y protesta en  un país hundido en la peor situación de su historia.

La defensa de la participación popular, social y electoral, debe estar inscrita dentro de ese juego de múltiples tableros en que debe desenvolverse la estrategia democrática: la lucha cívica de calle, la reivindicación de los poderes y potestades de la AN, e incluso de los magistrados del TSJ designados conforme a las pautas constitucionales, el papel cada vez más activo de la comunidad internacional. Todo coherentemente interrelacionado para aumentar la presión sobre un gobierno inescrupuloso.

Construir una unidad que trascienda los partidos, que no sea una suma de parcialidades y protagonismos, que cobije bajo sus políticas e iniciativas a esa inmensa mayoría que se opone a la continuidad del desastre. Construir un planteamiento alternativo traducido en un modelo de país que enganche a esa mayoría que no quiere seguir viviendo en la miseria, pero que no visualiza una alternativa ni un mensaje que catalice sus aspiraciones y angustias. Evitar los bandazos, las políticas pendulares que confunden a los ciudadanos y que los llevan a refugiarse en la desesperanza y la abstención.

La Unidad Democrática está obligada a ser sincera consigo y con el país. Asimilar los resultados del 15-O como una oportunidad para una profunda discusión que conlleve en un ejercicio de reingeniería política que reestructure y relance a la construcción de la alternativa que reclama Venezuela. Una sola cosa le está vedada: caer en la confusión y el desconcierto y no repetir los mismos errores que la extinguieron en 2005 y que tantos esfuerzos costó reconstruir.

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