El Nuevo País .

Se ha reafirmado que en política no vale el éxito monetario

Se está reafirmando lo que muchos sospechaban hace tiempo: en política no vale el éxito monetario.

Venezuela estuvo a punto en 2013 de conseguir, primero que EEUU, que un empresario exitoso asumiera la presidencia del país. Eso quedó a 223 mil 599 votos y hay  que sospechar que la misma mano que ayudó en EEUU a Donald Trump, aquí apostó al otro.

No es el éxito empresarial lo que realmente motiva a quienes ayudaron a Trump y el desempeño del empresario como presidente del imperio norteamericano en apenas algunos meses. Muestra que una cosa es el éxito en acumular dinero y otra es asumir el liderazgo político de una nación, por muy poderosa que sea.

Parece que hay que revisar todo lo escrito por Napoleon Hill, nacido el 26 de octubre de 1883 y muerto el 8 de noviembre de 1970, autor del libro “Think and Grow Rich” o “Piense y hágase rico”, considerado el Padre de la Ciencia del Éxito por sus aportes a la superación personal.

Hill acuñó el término “Mente Maestra”, probado en grupos que han podido multiplicar el poder individual de un cerebro y continuamente motivar emociones positivas.

Hill estableció que hay dos características del principio Mente Maestra. Una es económica y la otra es psíquica. Las ventajas económicas surgen de compartir y cooperar con otros. En cuanto a la otra, dijo: “Nunca dos mentes se juntan sin crear una tercera, invisible, e intangible fuerza que puede asemejarse a una tercera mente”.

Lo que está pasando en Venezuela desde 1999 induce a creer que no se ha dado la aparición de grupos capaces de aprovechar ese principio de Mente Maestra ni en los partidos políticos. A partir del 15 de octubre, esa calamidad domina nuestra oposición. La lealtad a un partido, por ejemplo, no debería estar por encima de la lealtad a los electores.

Todo eso refuerza nuestro empeño en advertir que los venezolanos tenemos que aprender a dominar dinero, tiempo y pasiones.

Lo que venimos observando en política, tanto de un lado como de otro, es que quien maneja el dinero quiere imponerse al resto y para ello apela a supuestos principios de solidaridad, lealtad, nacionalismo, patrioterismo, orgullo y autoritarismo, pero sobretodo de prepotencia. Quien no piensa igual a quien maneja el dinero queda excluido de buscar salidas a la terrible situación en la que millones de venezolanos mueren de hambre, violencia y desidia.

Es decir que por mal manejo de pasiones como el orgullo y la vanidad personal deben obligar a sus seguidores a volver a regar con su sangre las calles del país, mientras los “exitosos” aprenden a respetar a esos millones de venezolanos que superaron obstáculos para ir a votar el domingo 15 por alguien que ahora no asumirá el cargo porque los trámites impuestos rebajan su “coherencia y dignidad”. Muchos de los que salieron a votar ese día deben preguntarse: ¿Quién traiciona a quién? ¿Quién manipula a quién?

Los orgullosos líderes de la oposición que ahora excluyen  de sus círculos a los que asumen su responsabilidad con quienes los eligieron, deben preguntarse: ¿Quién saldrá en las próximas elecciones a votar por ellos?

@jajogra

 

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