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Los asesinatos de sacerdotes en México se han quintuplicado

Los asesinatos de sacerdotes en México se han quintuplicado, como un mensaje de terror que a la comunidad le indica que nadie está protegido de las bandas delincuentes y narcotraficantes.

Por JACOBO GARCÍA

La parroquia San Isidro en Los Reyes, a la salida de la Ciudad de México, es tan austera como el barrio que la alberga. Sus ingresos son tan miserables que el arco de entrada es una portería de fútbol a la que le falta el larguero, porque no llegó el dinero para el travesaño. A sus 71 años, el párroco Luis López no tenía más aspiraciones que retirarse en Michoacán, su tierra natal. El cuerpo del sacerdote apareció en su habitación, las manos atadas, la boca tapada con adhesivo. Había sido apuñalado.

Los vecinos, gente humilde, lo recuerdan con cariño. “Era muy bueno con todos y a todos nos gustaba”, dice, con dos bolsas en la mano, una parroquiana. El padre Luis es el último religioso muerto de una lista que se ha multiplicado por cinco en la última década.  Cada dos meses es asesinado un religioso.

Este aumento coincide con un repunte de la violencia que deja hasta el momento más de 21.000 muertos en lo que va de 2017. Según el Centro Católico encargado de estudiar la violencia “los sacerdotes son personas incómodas para el crimen organizado porque denuncian a los políticos, ayudan a migrantes, socorren a los heridos y conocen bien a la gente de sus pueblos”.

La violencia contra religiosos incluye dos hitos recientes: el asesinato hace unos meses de un sacerdote en plena misa en la Catedral y la explosión de un artefacto explosivo en la Arquidiócesis. México es el único país en el que ha sido asesinado un cardenal (Juan Jesús Posadas Ocampo, en Guadalajara) y es, por noveno año consecutivo, el país donde hay más sacerdotes asesinados en un país que no está en guerra.

A expertos que analizan la violencia llama la atención el ensañamiento y la brutalidad. “Con el asesinato de un sacerdote se manda el mensaje claro de que si mato un cura, puedo matar a cualquiera”.

“Se trata de una persecución silenciosa a la que suele acompañan la difamación”, dice Julieta Appendini, directora de una organización que estudia la violencia religiosa en todo el mundo. “Los sacerdotes están más expuestos porque son actores en la primera línea de fuego defendiendo a pobres, migrantes o marginados”, resume.

Para el historiador Jean Meyer “Se supone que estamos en un país donde la mayoría de la población es católica y los que no, son evangélicos, protestantes (…) pero en lo que va del sexenio, casi 20 sacerdotes han sido asesinados, por su valentía, porque predicaban contra el crimen organizado”.

Al frente de un albergue para migrantes en Oaxaca,  Alejandro Solalinde es el sacerdote más amenazado de México. “Los curas antes éramos intocables pero la violencia ha roto todos los límites”. Según su experiencia personal hasta que no fue encarcelado y torturado en 2005 “nadie había volteado a ver a los migrantes”.

 

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