El Nuevo País .

El tiranosaurio Rex y el oso Vladimir se fajan en Quisqueya

¿Se abre una vía? Luis Florido, presidente de la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional, anunció que se abre un espacio para el diálogo entre el régimen y la oposición el próximo 15 de noviembre en la República Dominicana. Según lo declarado por el también dirigente de Voluntad Popular, no fue en la MUD donde se acordó participar en las conversaciones sino en la Asamblea Nacional, el único poder venezolano que es legítimo ante los ojos de la comunidad internacional. La diferencia entre estas reuniones que se iniciarán en la isla caribeña esta semana es que son apoyadas por el Grupo de Lima, el conjunto de países de Latinoamérica que trabajan en una solución a la crisis venezolana.

El solo hecho de que el Grupo de Lima avale las conversaciones debe dar cierta tranquilidad a los sectores democráticos, ya que ese bloque es liderado por Estados Unidos a través de los gobiernos de Argentina, Colombia y Perú. Si Washington y Moscú están de acuerdo -Maduro no se mueve sin la anuencia de Putin-, lo demás es baladí. Nuestros políticos creerán que son ellos quienes deciden su destino en el pulso de Dominicana, pero nada llegará a buen puerto si Vladimir Putin y Rex Tillerson no lo aprueban. Deben tener eso claro antes de sentarse, no para evitarlo, sino para saber qué derrotero tomará su destino.

No deja de ser curioso que el grupo rebelde de la oposición, que hizo un refrescamiento de marca y ahora se llama Soy Venezuela en vez de Gana, ignore esto. Personajes ilustrados como María Corina y también Ledezma, quien a su sabiduría suma la experiencia, deberían ser conscientes de que cualquier esfuerzo por fuera de la institucionalidad de la Asamblea Nacional no será reconocido por quien corta el bacalao del lado de la democracia occidental, que es Estados Unidos. Por eso llama la atención que se desmarquen de la iniciativa apoyada por el Grupo de Lima, que simplemente por estar actualmente en el poder cuentan más que los ex presidentes agrupados en la iniciativa IDEA financiada por Nelson Mezerhane.

Por qué se negocia

La Fiscal General, quien conoce el monstruo por dentro, aseguró que Maduro puede salir por una vía negociada, buscando “una alternativa para el país, en este momento yo creo que lo que habría que buscar es una etapa de transición que es posible si se le dan garantías”. Las declaraciones las hizo desde el Vaticano, a donde fue invitada a una cumbre en su calidad de Fiscal General de Venezuela, por lo que el Papa Francisco envía un mensaje claro al régimen venezolano justo cuando está por iniciarse un nuevo intento de diálogo: en Roma tampoco reconocen a la fraudulenta Constituyente que destituyó a Ortega y nombró en su lugar a Tareck William Saab.

El cerco internacional empieza a dar frutos. En principio, se esperaba a una oposición noqueada tras el proceso fraudulento de las elecciones regionales, pero la falta de dinero fue la que terminó noqueando al régimen. Maduro hubo de aceptar que Venezuela necesita refinanciar su deuda porque no tiene cómo pagarla. Ya no es que se deja sin comida y medicinas al pueblo para honrar a Wall Street, sino que no hay nada en la busaca, y eso que los rusos han permitido que se prorroguen hasta tres mil millones de dólares pendientes de pago al Kremlin. Miraflores quiso tocarle las narices a la Casa Blanca con la reestructuración de la deuda al nombrar como jefes negociadores a Tarek El Aissami y Zerpa, ambos sancionados por el gobierno estadounidense, pero resulta que ningún tenedor de bonos del país norteamericano puede legalmente sentarse con ese par.

La respuesta de la administración de Trump es que aceptan la reestructuración de la deuda si ni El Aissami ni Zerpa participan en la negociaciones y la operación es aprobada por la Asamblea Nacional. En su artículo en El Nuevo País de la semana pasada, Julio Borges ya se mostró proclive al refinanciamiento bajo el argumento de que cualquier otra cosa es negarle comida y medicinas al pueblo, sin que le falte razón. Si Maduro acepta esto, tendría que reconocer al parlamento, que a su vez podría regular la economía, liberar a los presos políticos y permitir el retorno de exiliados a través de la ya aprobada Ley de Amnistía, hacer valer el nombramiento de los nuevos magistrados del TSJ y nombrar un nuevo CNE. De esa manera, se cumpliría la exigencia de la oposición para que el diálogo llegue a buen puerto: elecciones presidenciales libres, imparciales y con observación internacional cualificada. ¿Se logrará? ¿O Putin se sacará un as bajo la manga?

 

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