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El “meddling” electoral es fenómeno mundial

Créditos de la Imagen: Washington Examiner

La intromisión (meddling) rusa en las elecciones norteamericanas, o la cubana en las venezolanas, es la nueva manera de interferir los resultados electorales

La absurda división de la oposición venezolana está tan claramente monitoreada por las planificadas interferencias cibernéticas, que uno se asombra de tanta ceguera en una dirigencia que ni siquiera puede ponerse de acuerdo de si ir a votar o no.  Con ello deja también al infortunado votante en esa misma duda, sin siquiera brindarle un consejo digno de credibilidad. Y es que lo de Venezuela es apenas un detalle del amplio plan mundial, aparentemente destinado a corroer mediante penetración de las redes sociales, a toda democracia basada en el voto universal.

Allí entran como víctimas todos los países democráticos y en absolutamente todos los casos, el villano es Rusia con sus seguidores en la materia.

Tan clara es esa interferencia universal en numerosas elecciones democráticas, que semanas antes de los comicios alemanes, la canciller Ángela Merkel asombró al convocar a sus ministros, a la cúpula militar y a los jefes de diferentes ramas de la inteligencia a una reunión que muy pocas veces se había dado en el pasado y sólo se justifica cuando existe un peligro nacional de suma gravedad. Esta vez, había un solo punto a tratar: bloquear la interferencia rusa en las elecciones alemanas.

Para entonces ya estaban claras estas interferencias  en las elecciones de diversos países de Europa Oriental exsoviéticos. También ya eran conocidos los intentos de Putin de manipular las elecciones francesas, se sospechaba de su solapada interferencia en el Brexit inglés y estaba en curso la investigación del senado norteamericano acerca de esa misma interferencia en las elecciones norteamericanas.

Angela Merkel planteó ese día a la plana mayor de su gobierno, la necesidad de adelantarse a la previsible penetración de las redes sociales. Sin embargo, en su caso, a la sorpresa de sus servicios de inteligencia, hubo poca presencia de mensajes falsos o cuentas hackeadas. Ni falta que hacían, porque el golpe a la democracia fue dado desde adentro, con el voto de la extrema derecha, iracunda por la llegada de refugiados.

Vladímir Putin fue más activo en Francia. Pareciera que su meta es destruir a la Unión Europea fraccionándola con el advenimiento de gobiernos de extrema derecha. Lo logró en Polonia, estaba por lograrlo en Francia, tanto que invitó y recibió en el Kremlin, en plena campaña electoral francesa, a la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, que parecía posible ganadora. Los franceses reaccionaron votando por Macron.

Por esa misma razón de destrucción de la Unión Europea, aparece ahora la mano de la desinformación electrónica en la campaña independentista de Cataluña. Se ha señalado en los medios españoles que el pasado 9 de noviembre, Julian Assange, famoso por sus publicaciones de Wikileaks, recibió la visita de dos publicistas catalanes, Oriol Soler y Andreu Grinyó, ambos considerados expertos en información digital. La campaña independentista catalana por desplegarse en toda Europa estaría financiada por un lobby llamado Diplocat, con un fondo de 2 millones de euros, afirman los medios españoles.

Hay un estudio detallado de la desinformación rusa en las últimas elecciones de Ucrania.  Allí entraron lo que los venezolanos también conocen: una campaña difamatoria en las redes sociales contra candidatos demócratas, lanzamiento de falsedades  hackeando cuentas de personas conocidas y finalmente, la noche de las elecciones, el anunció de un ganador falso, buscando afincarlo, o a lo sumo confundir a la opinión pública sobre quién realmente ganó.

Según los investigadores norteamericanos, un informe recibido por Barack Obama durante los últimos meses de su presidencia, señalaba que  el “malware” de la empresa rusa “Sofacy”, probado en las elecciones ucranianas, se estaba utilizando para torcer las norteamericanas.

El golpe era noble. La difusión de noticias falsas para influir en una elección sería particularmente grave en EEUU, por ser la nación que ha sido desde el siglo XVIII el modelo a seguir para todas las democracias del mundo.

En las interpelaciones que ahora sobre ese tema lleva a cabo el senado norteamericano, lo más significativo a tomar en cuenta para los venezolanos ha sido la confesión de los responsables de Facebook, Twitter y Google.

Apareció que por lo menos 126 millones de norteamericanos recibieron mensajes de Facebook preparados por los rusos. Los mensajes tocaban asuntos muy locales, referentes al uso de las armas, conflictos raciales, todos destinados a sembrar cizañas entre vecinos. Además, unos 3.000 avisos enviados a través de la agencia y provenientes de la misma fuente de origen ruso, habrían llegado a 10 millones de usuarios de Facebook.

Igual ocurre con las declaraciones de los responsables de Twitter que reconocieron, según el diario The Guardian, haber tenido 2.752 cuentas abiertas por operadores relacionados con la interferencia rusa. Google, por su parte, reconoce haber difundido propaganda pagada y movido 18 películas de YouTube ligadas a la campaña rusa de desinformación del público norteamericano.

Todo lo anterior consta actualmente en las respuestas dadas por los responsables de los medios sociales durante sus interpelaciones en el  congreso norteamericano.

Ese tipo de interferencias que en Europa y Estados Unidos afectan en sus raíces cualquier campaña electoral, en Venezuela parecen tener otra meta: la de dividir a la oposición para quitarle la credibilidad nacional e internacional. Hay que estar bien ciego, o mal informado, para sucumbir a lo que no le toca a Venezuela sola, sino que es mundial y es un mal por enfrentarlo igual que lo hicieron Francia y Alemania.

Venezuela es apenas una hormiga en medio de ese mal universal, pero hasta las hormigas deben aprender a defenderse. Ellas más que otros, por lo pequeño.

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