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Descubren en China una cuenca con más de 200 huevos de pterodáctilos

Hace algo más de 100 millones de años, una tormenta destruyó un nido de pterosaurios. Contenía centenares de huevos sin eclosionar. El agua los arrastró hasta un lago, donde, agrietados por las violentas sacudidas, se llenaron de agua y arena. El fondo del lago se los tragó para siempre, y los pequeños pterosaurios quedaron fosilizados antes de nacer.

Millones de años más tarde, un equipo de paleontólogos liderados desde la Academia China de las Ciencias y el Museo Nacional y la Universidad Federal de Río de Janeiro (Brasil), ha descubierto los más de 200 huevos de pterosaurio fosilizados en unas condiciones de conservación extraordinarias, en la Cuenca de Turpan-Hami, al noroeste de China. Según publican hoy en la revista Science, los investigadores han podido analizar el interior de los huevos, algunos de los cuales contienen restos de embriones. Son los primeros que se han descubierto de este reptil volador, pariente de los dinosaurios y conocido popularmente como pterodáctilo –aunque, técnicamente, los pterodáctilos son un tipo de pterosaurios–.

Huevo de pterosaurio fosilizado. Hacen falta condiciones de fosilización excepcionales para que se conserven en este estado (Alexander Kellner (Museu Nacional/UFRJ))

Los resultados apuntan a que los pterosaurios criaban en nidos comunitarios, donde varias hembras ponían sus huevos, al igual que hacen las tortugas marinas en las playas. Al nacer, las crías tenían las patas bien desarrolladas y podían caminar, pero sus alas no estaban lo suficientemente maduras como para volar. Probablemente tampoco tenían dientes, por lo que los pequeños necesitaban que sus padres los cuidasen y alimentasen durante los primeros días de vida.

“Es uno de los descubrimientos más extraordinarios en que he tenido el privilegio de participar en casi 35 años de trabajo paleontológico”, declara por correo electrónico Alexander Kellner, investigador del Museo Nacional de Río de Janeiro, y uno de los autores principales del estudio. Hasta ahora, sólo se habían encontrado otros seis huevos de pterosaurio que conservasen su estructura relativamente intacta, y ningún embrión.

Reptiles voladores, pero no dinosaurios

Los pterosaurios fueron los primeros vertebrados en desarrollar la capacidad de volar. Sin embargo, no pertenecían al grupo evolutivo de los dinosaurios, cuyos únicos supervivientes son las aves modernas. Los parientes vivos más cercanos a los pterosaurios son reptiles como los lagartos, las serpientes y los cocodrilos.

Los paleontólogos han encontrado 215 huevos fosilizados en la superficie de un único bloque de arena de algo más de tres metros cúbicos, aunque de hecho podría contener algunos más enterrados, posiblemente hasta un total de 300. También hay algunos restos de individuos adultos, que posiblemente se hallaban vigilando el nido. Todos pertenecen a una misma especie de pterosaurio, Hamipterus tianshanensis, y corresponden a principios del periodo Cretácico, hace entre 100 y 150 millones de años.

Los científicos han analizado el interior de 42 de los huevos descubiertos mediante técnicas de escáner; 16 de ellos han resultado tener restos de embriones, ninguno completo. Se trata de huesos extremadamente delicados, vacíos por dentro como los de las aves, y en su mayoría de menos de un milímetro de grueso.

El escáner ha revelado que los embriones tenían los huesos de las piernas muy desarrollados, con lo que probablemente podían caminar desde el momento en que rompían la cáscara. Sin embargo, los huesos que soportaban el músculo pectoral, esencial para el vuelo, están muy poco maduros en todos los embriones. De ahí se deduce que sus alas no tenían la fuerza necesaria para que los pequeños pudieran volar al nacer. Eso, sumado al hecho de que ninguno de los embriones tenía dientes, hace pensar a los científicos que los pequeños pterosaurios dependían de sus padres para sobrevivir, explica Alexander Kellner.

“Es espectacular”, valora Borja Holgado, investigador del Museo Nacional de Río de Janeiro, que no ha participado en la investigación. Según Holgado, el hallazgo “destierra definitivamente la visión popular del típico pterosaurio gigante en un nido solitario, como las parejas de cigüeñas y halcones de hoy en día”. “Tenemos pruebas de que los pterosaurios eran animales gregarios. Y de que seguramente cuidaban a sus pollitos en colonias, como ocurre con muchas aves marinas actualmente”, remarca el investigador.

Para Holgado, el descubrimiento es particularmente extraordinario si se tiene en cuenta la escasez de huevos de este animal en el registro fósil. Al no estar apenas calcificados, a diferencia de los de los dinosaurios y las aves, eran extremadamente frágiles, como los lagartos y los cocodrilos. “Para que se conservasen […] hicieron falta unas condiciones excepcionales de fosilización”, añade. Gracias a la tormenta que destruyó el nido de pterosaurios y arrastró los huevos al fondo de un lago, hoy sabemos un poco más sobre estos reptiles prehistóricos.

Fuente: La Vanguardia

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