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Jurate Rosales: Llegaron las tradicionales purgas comunistas

Las purgas como la de PDVSA son parte del sistema y eran de esperarse. Donde Maduro se sale del manual, es en su manejo de la inflación, de consecuencias que sí son imprevisibles.

En los gobiernos comunistas la llamada “purga” de sus más importantes funcionarios es rutina que generalmente aparece al acercarse a las dos décadas de permanencia del sistema. Así que el actual juicio a los gerentes de PDVSA y su filial Citgo, entra en las rutinas de los gobiernos comunistas al momento en que su desastre económico amenaza con un levantamiento popular. Es cuando la presión social obliga a  buscar chivos expiatorios, para salvar del oprobio a la figura principal: la persona del dictador. Generalmente son enjuiciados los funcionarios que más han servido al gobierno, de la misma manera como una nave a punto de zozobrar, suelta el lastre más pesado.

En los gobiernos comunistas, las purgas suelen repetirse en varias oleadas. En la primera caen los que más sostuvieron al gobierno y ahora son culpados del desastre nacional. En la segunda, que generalmente aparece a los dos o tres años después de la primera,  son eliminados los que fueron encargados de llevar a cabo la primera purga y se creían protegidos por el afán que pusieron en la tarea. Estos suelen ser eliminados cuando los problemas sociales se agudizan y se necesitan nuevos culpables.

Lo más llamativo es que el lapso de tiempo desde la inauguración del sistema y la primera gran purga suele ser similar –  ocurre generalmente antes de cumplir los 20 años.

     En la URSS, el sistema iniciado en 1917 y confirmado con la creación de la Unión de Repúblicas Soviéticas en 1922, tuvo sus primeras grandes purgas en 1936 y 1938, en las que fueron sorpresivamente detenidos, condenados y ejecutados los más altos colaboradores del gobierno de Stalin, quedando solamente él como dueño del Estado.  La República Popular China, fundada por MAO en 1949, inició su gran purga llamada “revolución cultural” en 1966. Fue dirigida contra los altos cargos del partido con las subsiguientes condenas, si bien posteriormente se extendió por temporadas contra  todo ciudadano dotado de educación superior. Fiel a ese calendario, Maduro inicia la purga de la petrolera que sustentó el sistema chavista en el poder desde 1999, en diciembre del 2017.

El modus operandi tampoco ofrece grandes cambios. Los funcionarios que se creían imprescindibles e intocables, suelen ser apresados de sorpresa y encarcelados para ser juzgados con una lista de acusaciones preparadas de antemano. Eso de haber llamado a la plana mayor de Citgo a Caracas, trayéndolos en un avión de PDVSA para apresarlos todos juntos a su llegada, es de manual. Ni siquiera en eso, hay algo nuevo.

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Por cierto que en la URSS, la primera, primerísima purga tuvo entre los primeros “purgados” al mariscal Mijail Tujachevski, el hombre cuyas victorias salvaron la revolución. Stalin, principal beneficiario de las heroicas campañas de ese mariscal, inició la gran purga encarcelándolo. Hubo un juicio y fue ejecutado.  Algo similar en Venezuela al caso del general Isaías Baduel, quien salvó el sistema el 11 de abril 2002  (Baduel sigue encarcelado, ahora en “la tumba” del Sebin). También en eso el régimen venezolano actuó según el manual, tanto, que las paredes de la prisión militar de Ramo Verde podrían contar hoy en día, muchos episodios de purgas verde oliva.

Volviendo a los recién apresados gerentes y directores de PDVSA y al tema en qué Venezuela podría ser distinta, cabe observar que con toda probabilidad, la actual gran purga llega tarde, porque el desastre económico de Venezuela ya no se puede paliar con la presentación de unos culpables, como lo hicieron Stalin en Rusia y Mao en China. Aquí hay un aspecto que hace inútil ese tipo de maniobras. Es algo que los manuales del comunismo práctico, tan versado en los temas de presos políticos, no tenían previsto: al gobierno de Maduro lo acosa hoy la megainflación. A esa, no la pueden encerrar en una celda del Sebin, la policía política del régimen.

   En los países comunistas del pasado, el dinero no era convertible a ninguna moneda extranjera – su circulación era de orden interno y servía como un instrumento  de intercambio local con un valor fijo, decretado por el gobierno. La megainflación no aparecía sino después de caer el comunismo, cuando el país entraba en la economía global y debía ajustar sus valores después haber permanecido años con un dinero no convertible. En los países donde cayó el comunismo, al liberarse la economía y empezar a funcionar con un dinero sujeto al libre cambio,  el salto solía ser de una inflación entre mil y dos mil por ciento, pero todos sabían que ese fenómeno es temporal y el dinero se ajustará al mercado internacional, lo que siempre ocurría.

La política monetaria del gobierno de Maduro intenta imitar los sistemas comunistas que se manejaban con un signo monetario de circulación restringida al mercado interno y un valor fijado por decretos presidenciales. Pero mientras  Maduro intenta mantener el signo monetario bajo un sistema similar al de todos  los países comunistas, Venezuela por su situación, su dependencia de importaciones y por el petróleo, no puede cortar sus nexos internacionales y la inflación no esperó la caída del sistema. El gobierno intentó fijar distintas tasas de cambio, pero el dólar libre siempre las ha superado. La megainflación propia de las caídas del sistema comunista, en Venezuela se adelantó.  La gente, con toda razón, sabe que mientras permanece el régimen, ese problema no es temporal, sino progresivo y el techo de la inflación es el infinito.  Por lo tanto, el gobierno confeccionó  una situación sin salida y la nación no podrá aguantarla. Allí radica la gran diferencia si comparamos Venezuela con los antiguos países comunistas.

 Es cuando se plantea la pregunta si el tradicional remedio comunista de evitar una explosión social, combinando la represión con una purga, podrá ser efectivo en Venezuela cuando existe el problema de una inflación que amenaza engullirlo todo – purgas, represión, falsas promesas, hasta las usuales trampas de supuestos diálogos. Es como si todo a la vez, se escapara de lo previsible.

 

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