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“No quiero que mi silencio me haga cómplice”: La carta que envió Diego Rísquez a Maduro

Créditos de la Imagen: La Patilla

Fue en el año 2016 cuando el director de cine venezolano, Diego Rísquez, envió una carta abierta al presidente Nicolás Maduro en la que le recuerda la delicada situación de salud por la que atraviesa el país. Esto, luego de que iniciara una batalla contra un tumor cerebral que este 13 de enero le quitó la vida.

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En la misiva, Rísquez aseveró al mandatario nacional que “el soberano puede dejar de comer una arepa un día, o dejar de tomar café, pero que el Estado no pueda garantizar la salud a sus ciudadanos es inadmisible”.

No quiero que mi silencio me haga cómplice de una realidad que no comparto. Sr. Presidente, ojalá usted no tenga que vivir una experiencia similar para cambiar de rumbo“, manifestó el director de cine.

A continuación la carta abierta enviada por Diego Rísquez al presidente Nicolás Maduro:

Señor Presidente;

Le escribo estas líneas para decirle que me siento muy orgulloso de haber nacido eneste país llamado Venezuela. Asimismo, le reitero que me siento doblemente privilegiado por pertenecer a un gremio llamado el Cine Nacional donde es unánime para cualquier persona que es de las pocas cosas que funcionan bien. Se lo digo porque de todas las manifestaciones artísticas de este país, el cine es la única protegida por una ley desde 1993, que se complementó con una reforma aprobada por unanimidad de todas las fracciones políticas en la Asamblea Nacional en el año 2005. Al mismo tiempo contamos con el Instituto de Previsión Social del Trabajador Cinematográfico, Abicine, que vela por la salud de sus afiliados. Sr. Presidente, en el cine como en cualquier otra actividad existen distintas visiones políticas pero lo que si ha prevalecido es el bienestar de nuestra cinematografía por encima de todo. Sr. Presidente, desde los años setenta he tratado de retratar al país donde me tocó nacer porque estoy convencido que el cine es parte de la memoria de una nación. El arte, aunque nosotros los autores no lo queramos reconocer, siempre tiene una parte autobiográfica y, en estos momentos, me estoy recuperando de una operación de un tumor cerebral, infortunado evento que me permitió confirmar que nuestra riqueza humana se debe a una mezcla muy diversa que nos hace grandes y únicos por nuestra diversidad étnica y cultural. Sr. Presidente, el medico neurocirujano que me operó es hebreo venezolano, formado en la Universidad Central de Venezuela con postgrado en Suecia; la cardiólogo es ítalo-venezolana, también formada en la Universidad Central de Venezuela y la neuróloga, maracucha, formada en la Universidad del Zulia; el oncólogo es de origen hindú nacido en Venezuela con postgrado en Inglaterra. Los enfermeros y enfermeras que he tenido oportunidad de conocer son de distintas regiones del país: de Barlovento, de Monagas,de los Andes, de los Valles del Tuy, de Caracas y en lo que todos coinciden es en su mística de trabajo. Como paciente uno se siente enormemente agradecido de haber tenido la oportunidad de conocer a gente que siente pasión por su trabajo. La mayoría de ellos trabaja en hospitales públicos y en lo que todos coinciden es en la falta de insumos para atender a sus pacientes, muchos de ellos de bajos recursos, con grandes dificultades para conseguir medicinas para salir de angustiosas enfermedades y muchos de ellos al borde de la muerte. Sr. Presidente, el soberano puede dejar de comer una arepa un día, o dejar de tomar café, pero que el Estado no pueda garantizar la salud a sus ciudadanos es inadmisible. Sr. Presidente, piense lo que significa para un ser humano perder a un padre, a un hijo, a un hermano. Yo soy de los que creen que hay que incluir a los excluidos. Incluir para mi significa que el Estado está obligado a garantizar a sus ciudadanos el derecho a la salud, la alimentación, la seguridad y la educación. Sr. Presidente, ¿sabe cuántas vidas se podrían salvar y cuántas medicinas podríamos comprar con el precio de un tanque de guerra, o esos aviones Sukoy para una supuesta pelea contra el Imperio? Sr. Presidente, después de diecisiete años, es evidente que hay algo que se está haciendo mal. Ya que empezamos hablando de cine, quisiera confesarle que mis películas funcionan, no porque yo sea el mejor Director sino porque entiendo que el cine es un trabajo de equipo y siempre he tratado de rodearme de los mejores profesionales de este país. Sr. Presidente llegó la hora de cambiar a los actores. Busque en la Sociedad Civil a los posibles sustitutos y, para continuar hablando de cine, es muy importante también cambiar de vestuario: los uniformes tampoco han funcionado. En nombre de mi familia, de mi hija y mis nietos, le escribo esta carta pública.

He sido crítico y también objetivo cuando he visto logros, pero esta circunstancia que me tocó vivir me ha hecho reflexionar muchísimo acerca de la situación de la salud en Venezuela por la que tanto ha luchado mi familia por cinco generaciones. No quiero que mi silencio me haga cómplice de una realidad que no comparto. Sr. Presidente, ojalá usted no tenga que vivir una experiencia similar para cambiar de rumbo. Todavía estamos a tiempo. O me pregunto ¿quiere Ud. esperar el resultado de las elecciones de Gobernadores y Alcaldes para tomar decisiones? El soberano es sabio como dijo el Presidente Chávez, y lo demostró el 6 de diciembre de 2015: ya la mayoría no está contenta. Se despide de usted.

Atentamente,

Diego Rísquez

Director de cine

Caracas, 19 de abril de 2016

Postdata: Sr. Presidente, seguimos aquí y seguiremos luchando por tener cada día un mejor país.

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