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Álvarez Conde asegura que Cifuentes leyó el Trabajo de Fin de Máster

«Es un chanchullero, tan caótico en su vida personal como en la gestión universitaria, le pierde el dinero». Los que conocen a Enrique Álvarez Conde dicen que no les choca nada lo que está pasando. Reseña El Mundo de España

Al director del máster de Cristina Cifuentes todo el mundo lo respeta en lo intelectual y en lo académico -su manual de Derecho Constitucional se estudia en todas las facultades de España-, pero personas próximas a él opinan que «estaba demasiado preocupado por llevarse bien con el poder político y siempre estaba intercambiando favores».

«Intentaba enchufar a su gente, trataba todo el rato de conseguir cosas, pedía sin parar», cuenta un profesor que ha seguido muy de cerca su trayectoria. Álvarez Conde dirigía el Instituto de Derecho Público, un centro que, según el rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Javier Ramos, tiene un «funcionamiento gravemente irregular» por la falta de transparencia de su gestión y su cuestionable autonomía financiera.

Es el único profesor que asegura que Cifuentes defendió el Trabajo de Fin de Máster (TFM), aunque reconoce que él, en realidad, no estaba en el tribunal y no pudo verificarlo. También ha echado un cable a la presidenta madrileña al asegurar que fue corrigiendo su trabajo por partes. Era su tutor. Pero es incapaz de mostrar documento que lo pruebe: todo se borró, cuenta, a los dos años.

El rector lo tiene en su punto de mira. Lo acusa de ordenar la falsificación del acta que acredita la defensa del TFM. Álvarez Conde admite la «reconstrucción», pero dice que lo hizo porque el rector lo presionó. Ahora amenaza con «tirar de la manta».

La falsificación de las firmas fue ejecutada por la profesora Cecilia Rosado, que asegura que Álvarez Conde la obligó a hacerlo. Él dirigió la tesis de Rosado, de Clara Souto y Alicia Pérez de los Mozos, las tres profesoras que rubricaron el acta falsificada, a las que se ha referido como sus «discípulas».

Eran prácticamente sus «esclavas», según varios profesores. «La relación que tenía con sus subordinadas, casi siempre mujeres, era de explotación». «Siempre tenía a chicas bajo su bota, encargándoles cosas y ocupándose muy poco de formarlas y de supervisar sus trayectorias académicas».

Entre 1991 y 1996, estuvo al frente del Instituto Nacional de Administración Pública cuando Mariano Rajoy era ministro de Administraciones Públicas. «Su conducta no era muy ética. Siempre estaba invitando a sus amigos y organizando actos, se pegaba grandes viajes e iba a paradores con dinero público».

La Universidad Miguel Hernández lo investiga por pertenecer al tribunal que hizo catedrática a su compañera sentimental, Rosario Tur, en contra de la ley. Tur también figura como profesora del máster de Cifuentes (le dio un sobresaliente en una asignatura que terminó antes de que se matriculara) y fue secretaria del tribunal que aprobó la tesis a Francisco Camps.

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