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Detrás de cada ‘like’ se esconde una mentira (Vídeos)

Lo creamos o no, los adolescentes pasan hoy aproximadamente unas seis horas al día frente a una pantalla. Una parte positiva de esta nueva tendencia es que, tal y como indica un reciente estudio de Unicef, a medida que los niños crecen, la capacidad de utilizar las nuevas tecnologías para dar forma a sus experiencias vitales les ofrece oportunidades aparentemente ilimitadas para aprender, socializar y ser escuchados, reseñó La Vanguardia.

En las redes sociales pueden conectar con amigos y familia, mejorar su creatividad compartiendo música, arte o ideas, interactuar con otros, profundizar en temas de su interés y estar informados de lo que pasa en el mundo.

Sin embargo también hay un aspecto negativo de este nuevo entorno tan digital de relaciones. Y es que, según otro estudio, titulado Monitoring The Future, solo son necesarias dos horas en las redes sociales para aumentar los sentimientos de infelicidad y ansiedad entre los más jóvenes si no reciben el respaldo positivo de sus seguidores en sus perfiles de Facebook o Instagram.

La vida debe parecer perfecta en redes sociales
La vida debe parecer perfecta en redes sociales (Getty Images)

Y es que, junto a las enormes posibilidades de comunicación, educación y entretenimiento que brindan, las redes sociales también han traído consigo la llamada “dictadura del like”. Nuestros hijos miden cada vez más su autoestima y el valor de los demás a través de la identidad que proyectan en estas plataformas y, por eso, necesitan actualizar continuamente sus redes con imágenes y publicaciones que muestran un estilo de vida, en ocasiones, excesivamente artificial, solo para gustar a otros.

Aunque todos sabemos que la vida dista de ser perfecta, sí debe parecerlo en redes sociales, especialmente para estos jóvenes “nativos digitales”. De ahí su predisposición a hacer casi cualquier cosa para lograr ese símbolo de aprobación.

Cinco medias-verdades que cuentan tus hijos en las redes sociales

1. Tienen muchos menos amigos de los parece. Quizá has sufrido un amago de síncope cuando has visto que tu hijo tenía 2.038 amigos en sus redes sociales. ¡Pero si por tu casa solo pasan tres! Los followers son un símbolo de estatus y cuántos más, mayor tu popularidad. De ahí que los adolescentes sumen y sumen “amigos” a sus perfiles, incluso sin conocerlos en el mundo físico.

2. Su vida no es solo salir y viajar. Bien lo sabes tú, que eres quien costea la mayoría de sus gastos.

3. No han leído a (casi) ninguno de los autores que citan. “La vida no es un problema a resolver sino una realidad a experimentar” (Soren Kierkegaard) o “La vida se contrae o se expande en función de la valentía de uno mismo” (Anaïs Nin). Quizá te has sorprendido leyendo sentencias como estas en el Instagram de tu hija, sobre todo porque la última vez que la viste con un libro, lo sujetabas tú y a ella la estabas acostando. Que la verdad quede entre vosotros.

4. La espontaneidad necesita mucha planificación. Cada publicación, y los emojis que la acompañan, implica casi tanta programación y preparación como un partido de la selección española en el Mundial de Fútbol de Rusia. Todo se calcula al detalle para conseguir el máximo número de ‘likes’.

5. Aparecer guapísimo o guapísima en las fotos requiere de muchas tomas, muchos filtros y alguna app de edición. Si después de hacer 50 fotos ves a tus hijos ensimismados con el móvil durante la siguiente media hora, la razón es que están editando las imágenes para que luzcan tan bien como las de los influencers a los que siguen y a los que, probablemente, tratan de emular. Todo con tal de gustar cada vez más a sus seguidores.

Ante tanto postureo digital surgen iniciativas como Por un uso Love de la Tecnología, con la que Orange pretende sensibilizar a niños, adolescentes y mayores sobre la importancia de hacer un uso seguro y responsable de internet y las redes sociales. A través de consejos toman conciencia sobre este nuevo tipo de relaciones sociales que se establecen en el mundo digital y sus implicaciones.

Tomando como ejemplo este experimento sociológico realizado por Orange entre los jóvenes de una clase de instituto dentro de dicha iniciativa, se confirma lo mucho que los followers condicionan la manera de relacionarse de los adolescentes en nuestros días.

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¿Pero qué hemos de hacer ante esta nueva moda de los followers y la “dictadura del like”? El diálogo en familia es la vía más adecuada. Conversaciones distendidas pero de valor, que les ayuden a abrirse y debatir sobre estos. Y en lugar de asustar a nuestros hijos o vigilarlos constantemente, debemos centrarnos en aconsejarles sobre la importancia de una socialización saludable y segura, también en el mundo online, para que ellos mismos opten por una autorregulación efectiva.

De esta forma, tomarán decisiones sensatas y responsables, no dejándose influir por cualquiera ni realizando acciones arriesgadas con tal de gustar a sus followers.

(Getty Images)

Siempre sobre la base del respeto a su privacidad y la confianza mutua dejémosles claro, especialmente si son menores de 14 años, que podemos inspeccionar su móvil en cualquier momento y si lo creemos necesario. No se trata solo de saber qué comparten sino también lo que reciben. Si encontramos algo que no nos gusta hablemos con nuestro hijo o nuestra hija sobre por qué lo consideramos poco apropiado y, a continuación, pidámosle opinión.

· Establezcamos reglas básicas claras. Hablemos con nuestros hijos sobre el uso apropiado de las redes sociales antes de darles un móvil o permitirles descargar una aplicación. Una vez que lo tengan estarán demasiado emocionados para concentrarse en lo que les digamos. Marquemos antes esas reglas y expectativas claras, y adhirámonos a ellas.

Dejar claro que podemos solicitar el móvil en cualquier momento, especialmente si son menores de 14 años, es una de las claves para educar a los menores

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· Ayudémosles a entender sus motivos. Para inspirar a los niños a actuar por motivación interna, en lugar de hacerlo por miedo, hay que animarles a que creen sus propios filtros. Hagamos que se planteen preguntas del tipo: ¿por qué cojo tanto mi teléfono?, ¿me siento incómodo porque no conozco a nadie?, ¿pasar tiempo en esta aplicación me hace sentir mejor? Esto les ayudará a tomar decisiones que reflejen sus propios valores y elecciones, y desacelerarán las comunicaciones impulsivas solo para gustar o emular a otros.

· Familiaricémonos con las aplicaciones que usan. No es necesario que tengamos una cuenta en todas sus redes sociales, pero sí debemos probarlas y conocer su funcionamiento para poder mantener una conversación informada al respecto. Además, esto aumentará las posibilidades de que acudan a nosotros si tienen algún problema, ya que sabrán que entendemos de qué nos están hablando.

(Getty Images)

· Creemos oportunidades para la desintoxicación digital. Aunque la mayoría de jóvenes no lo admitirán ante sus padres, varios estudios hablan de la necesidad que sienten de estar conectados todo el rato para no perderse algo importante o quedarse fuera del grupo. Por eso, la imposición de restricciones sobre cuánto y cuándo se puede usar la tecnología puede ser una forma de evitar esta adicción. Pero no basta con obligarles a desconectar, también debemos proporcionarles otras opciones de ocio para que puedan planificar su diversión y entrenamiento sin que medie una pantalla.

· Y no olvidemos nuestro papel a la hora de mostrarles cómo disfrutar del tiempo de desconexión. Adoptemos nosotros mismos los comportamientos que queremos fomentar: no tengamos el teléfono en la mesa a la hora de las comidas, por ejemplo, o no miremos el móvil cuando estamos hablando con nuestros hijos.

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