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La cúpula gubernamental asume que es una dictadura

La cúpula del chavismo admite las similitudes que existen entre lo que ocurrió el 23 de enero de 1958 y lo que puede ocurrir ahora en 2017 y, como todo gobierno antidemocrático, apela a la represión contra ese pueblo cansado de errores y mentiras.

Todos los planes supuestos para reforzar la seguridad pública están destinados a impedir que la gente tome las calles y exija solución a sus innumerables carencias.

El gobierno está más preocupado en impedir las protestas que en superar las causas que las provocan.

Con su reacción, la cúpula gubernamental asume que es una dictadura, pero no se puede comparar con la de Marcos Evangelista Pérez Jiménez.

Esa dictadura construyó gran parte de la estructura física de Venezuela, mientras el actual gobierno ha destruido casi toda esa infraestructura y ha destrozado los servicios públicos construidos por AD y Copei.

Lo paradójico de este gobierno es que sus voceros aseguran que son los únicos capacitados para resolver el caos que han creado en todo el sistema policial y de justicia. El nuevo Vicepresidente Ejecutivo dice que no solo con represión se pueden reducir los índices de delincuencia, pero apelan a mecanismos más destinados al control político que a acabar con ese flagelo.

La iglesia católica, al igual que en 1958, se ha pronunciado abiertamente contra este gobierno considerado causante primordial de todos los males que azotan a los venezolanos.

El actual gobierno venezolano debería tomar muy en serio lo que dice la prensa nacional e internacional, especialmente el Índice de Penuria (Misery Index) de 2016 en el cual Venezuela repite por segundo año como “el país más miserable”.

Misery Index es elaborado por el profesor Steve Hanke de la Universidad Johns Hopkins y está basado en la sumatoria de la tasa de inflación y desempleo.

Venezuela registra desde hace varios años la tasa más alta de inflación del planeta, y alcanzó el primer puesto en el Índice de Penuria en 2013, pero el año siguiente fue destronada del puesto por Siria, país que se encontraba envuelto en una guerra civil.

Por cierto que Venezuela, en teoría no está en guerra, pero registra más muertes que cualquier país en algún conflicto armado declarado.

Las muertes a tiros y con explosivos militares casi alcanzaron en 2016 las 30 mil, y eso no parece ser una prioridad para unos gobernantes que pretenden seguir derrochando los recursos del pueblo venezolano.

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