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Nicolás bailando en su tusero

Ya lo habremos dicho, pero debemos repetir que el mundo está atravesando lo peor de una tormenta generada en el descontento de las mayorías por un sistema democrático que se va volviendo irreconocible a medida que le ganan tendencias  como la plutocrática denunciada en España o la oclocrática -o simplemente cleptocrática- que contra la opinión del 80% de la población gobierna en Venezuela.

El problema es global, pero no pretendamos abarcar el mundo en una mirada. Reduzcámonos, humildemente, a lo que directamente nos atañe. Y, extendiendo ese ejercicio de humildad, aceptemos que no estamos en capacidad de resolverlo con nuestras agotadas fuerzas. (Ya dijimos, a principios de siglo, en el Círculo de Montevideo, que la sociedad venezolana no estaba en capacidad de enfrentar este atraco fascista, por lo cual dependía de una intervención internacional que entonces se le negaba, incluso o especialmente por gobiernos como el de Rodríguez Zapatero, cuyo partido debía en muy buena parte a Venezuela el poder de que entonces disfrutaba).

Quince años después, la comunidad internacional se ha movilizado sobre lo que ya se conoce como el Caso Venezuela. Para ello ha sido necesario que el castro-chavismo criollo deje de tener dinero para repartir, que se evidencie su connivencia con el cada día más agresivo fundamentalismo islámico y el narcotráfico, y la prepotencia natural del fascismo haya aconsejado a Maduro excesos que disolvieron la cortina de humo populista que protegió a Chávez. Para ser sinceros -a nuestra edad la mentira sienta malísimo-, debemos agregar que Estados Unidos y Europa consideran llegada Venezuela al nivel de abatimiento en el cual a un país se le puede someter sin condiciones.

Venezuela sigue siendo codiciable y codiciada, y los interventores no son desinteresados. Nunca lo son. Tanto Estados Unidos como la Unión Europea son macro-plutocracias donde los gobernantes operan en función de un interés nacional coincidente con el de las grandes corporaciones. Algo difícil de soportar salvo porque la alternativa comunista es muchísimo peor y al socialismo no se le puede considerar, porque, como Pepe Mujica nos dice que su mamá le aclaró, “El socialismo no es posible porque la gente es mala”. Los dos grandes centros de poder han mantenido un pulso por la hegemonía sobre una Venezuela redimida. La explosión social que estuvo a punto de producirse en diciembre hubiera puesto fuera de control los acontecimientos, incluso para las dos grandes potencias. Esto les obligó a actuar conjuntamente en la operación de torcerle el brazo a la MUD con la patraña del diálogo. Apenas la soltaron, la Oposición ha vuelto a su exigencia de elecciones limpias y los rivales (EE.UU. y U.E.) cambian de estrategia. El Papa (europeo al fin) recompone la figura convocando una reunión en el propio Vaticano y bajo su propia coordinación, y el Secretario de Estado nombrado por Trump, Rex Tillerson -a quien  por su capacidad de partirle el espinazo a cualquier otro habitante del planeta sostengo la denominación de Tiranosaurio Rex (TR)- emite declaraciones que tienen la mayor importancia debido a que el emisor tiene el mayor poder. Con la observación de que Raúl Castro lo ha reconocido moviendito la cola mientras a Maduro, siempre excesivo, sólo le falta pedirle al catire que le permita enseñarle a bailar salsa.

La gestión papal es importante: ¡qué sería de Europa si no existiera el Vaticano! Pero la del tiranosaurio es determinante, sobre todo porque representa a lo que hoy es el poder real en Estados Unidos y sus alrededores: Exxon Mobil, cuyo interés en el área  petrocaribeña es obvio e indisimulado, como lo demuestra su regocijo por la conquista de los yacimientos de petróleo y gas en las bocas del Orinoco que el chavismo entregó a Guyana. Por cierto que algún ingenuo insiste en que Trump nada sabe de política internacional. Ni falta que le hace. El tiranosaurio sabe, porque Exxon Mobil sabe más que cualquier cancillería, como lo prueba la conquista del petróleo orinoquense y el acuerdo con Putin para explorar 16 mil millones de hectáreas en territorios del antiguo zarismo. Eso es saber.

Veamos fragmentos de lo que el implacable Tiranosaurio Rex dijo, en declaración formal, sobre el Caso Venezuela. Esto dijo: Lo que ocurre en Venezuela es una “calamidad” debida a “la incompetencia y la disfunción de su gobierno, primero con Chávez y ahora con su sucesor,  Maduro”… “Cooperaremos con organismos como la OEA para buscar una transición negociada”… “Al final, se reconstruirán las instituciones políticas, encabezadas por valientes defensores de la democracia y los derechos humanos, que allanarán el camino para el tipo de reformas necesarias para poner a Venezuela en el camino de la recuperación económica”… “Estados Unidos continuará respaldando un legítimo diálogo que resuelva la crisis política entre el gobierno de Maduro y la oposición, la cual (la Oposición) ahora controla la Asamblea Nacional” (este es el mayor espaldarazo que la AN ha recibido en su valiente travesía)… Mientras tanto, dice TR, “Debemos continuar denunciando las prácticas antidemocráticas de Maduro. Debemos pedir que se liberen los presos políticos y reforzar las sanciones a los violadores de derechos humanos en Venezuela y a los narcotraficantes”… Por último dijo que Estados Unidos y toda la región deben prestar ayuda humanitaria a Venezuela: “Se van a cumplir las sanciones impuestas por el Congreso… Vamos a continuar apoyando los esfuerzos del secretario general de la OEA, Almagro, en la búsqueda de la invocación de la Carta Democrática Interamericana para promover la normalización de la situación en Venezuela y el restablecimiento de la situación democrática”.

Raúl y Maduro ya están claros en que Tiranosaurio Rex no quiere el Premio Nobel de la Paz, sino el restablecimiento de Venezuela como próspera nación con instituciones estables, propicia a los negocios tal como Occidente los entiende.

Nicolás está bailando salsa, pero, como para casos así decía mi abuela barloventeña, en un tusero… y con alpargatas nuevas.

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Rafael Poleo

Director -Editor del diario El Nuevo País. Fundador de la Revista Zeta. Presidente del Grupo Editorial Poleo. Periodista. Analista político.

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